El último martes se produjo un récord sin precedentes de demanda energética en la República Argentina, según informó la Cámara Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (CAMMESA). Por la intensa ola de calor, se registró un pico a las 14:40hs y correspondió a una demanda de 21.907MWe. Sin embargo, Atucha I, la primera central atómica inaugurada en América Latina en 1974, viejita ya, no ofreció energía para cubrir esa demanda. Pero para entender mejor esta historia, vamos a tratar de entenderla paso por paso.
¿Qué evidencia esta gran demanda energética? Por un lado, un crecimiento exponencial en el consumo, vinculado a un desarrollo poblacional y también a una falta de conciencia de ahorro y eficiencia a la hora de utilizar ciertos artefactos eléctricos, principalmente para refrigeración. Por otra parte, que la generación de la energía que consumen nuestros aires acondicionados –por poner un ejemplo–, tienen para funcionar, una altísima dependencia de la quema de combustibles fósiles, los mismos que tienen una relación directa con el incremento de la frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos (1)  –como las olas de calor o de frío–, formando un círculo vicioso entre el derroche en el consumo y sus inevitables consecuencias climáticas.
En el marco del mayor desafío que enfrentó la humanidad en mucho tiempo, los efectos sociales y ambientales del calentamiento global, los líderes políticos están –¿están?– a la búsqueda de nuevas y rápidas opciones energéticas, sustentables y baratas, para diversificar la matriz energética global. ¿Qué salida encontró Argentina para hacer más sustentable su matriz? Apostar por esa misma energía atómica a la que apostaron Chernobyl y Fukushima. La misma energía atómica que sufrieron sus muertos, sus enfermos y sus evacuados.
Lo curioso del día de ayer, fue que en el pico de demanda, Atucha I tuvo que salir de servicio en una parada no programada por una falla en el generador eléctrico de la turbina. Además de evidenciar que las fallas en las centrales nucleares existen y son corrientes –como en cualquier actividad humana, al contrario de lo que la industria quiere hacer creer–, lo magnífico es que se haga luz sobre lo prescindible de una central obsoleta y pequeña como Atucha.

Un vocero del Ministerio de Planificación, en un intento de llevar calma a la población por la falta de suministro declaró que esa situación “no complicará el abastecimiento satisfactorio de la demanda” ya que Atucha “aporta sólo 300 megavatios a un sistema de 22.000, y que “existe suficiente producción energética para atender toda la demanda”.
En Greenpeace, sabemos y denunciamos hace décadas que esto es así, pero aún hoy, en los albores del siglo XXI, tenemos que preguntarnos: ¿Por qué seguimos jugando en la ruleta rusa que nos ofrece la energía atómica, aún cuando sus beneficios son insignificantes?
Esta realidad debería llamarnos a la reflexión sobre lo necesario y lo evitable. Generar más energía y quemar menos combustibles fósiles, es necesario. Alimentar un circuito nuclear de alto riesgo e irreversibles consecuencias, es absolutamente evitable.
La energía atómica no sólo se trata de riesgos, sino de impactos irreparables y reales, como el legado secular de los residuos radiactivos que la misma industria lleva 60 años preguntándose qué hacer con ellos. Los trabajadores de las minas de uranio también conocen impactos reales de esta actividad. Y si a esto sumamos los riesgos durante su operación y las potenciales fugas radiactivas, queda fuera de todo debate racional y ético la utilización de energía atómica para generar electricidad.
Haber sorteado este pico energético sin Atucha es una cabal evidencia de que los peligros vinculados a la energía atómica –presentes en todos los 435 reactores en actividad en el mundo–, desde la extracción del Uranio en las minas hasta la disposición de sus residuos radiactivos, son totalmente desproporcionados en relación con lo prescindible de su aporte energético. Por eso, damos una categórica respuesta ante una pregunta que hace mucho tiempo la sociedad civil y política argentina no se hace:
¿Nuclear? No, gracias.
 
Mauro Fernández
Campaña Clima/Energía
Greenpeace Argentina

Nota:
1- “Existe una relación de al menos un 99% entre el aumento de los días cálidos y la actual gestión que el ser humano hace del planeta», Thomas Stocker, experto perteneciente a la Universidad de Bern y jefe de grupos científicos del IPCC.

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5 thoughts on “Atucha I: el riesgo de lo prescindible”

  1. Les falta información sobre el tema de la energía nuclear.
    Los casos de Fukushama y Chernobyl son centrales que usan Uranio y plutonio enriquecido elementos con un altisimo nivel de radioactividad. En nuestro caso el Uranio que se usa en Atucha I y el que se va a usar en Atucha II es uranio empobrecido, el cual es mucho mas estable y mas controlable.
    Atucha I es segura, que salga de servicio una turbina no es nada grave salvo que no genera energía.
    La energía nuclear es segura siempre que tengan los niveles de seguridad y control adecuado, lo mismo sucede con un vehículo de pasajeros o un avión. Si el piloto no toma todas las medidas de control y seguridad se viene a pique y mueren cientos de personas.

  2. Hola Federico:
    Lo que decís no es cierto, por lo siguiente:
    1. Chernobyl usaba Uranio enriquecido al 3/4%.
    2. Fukushima usaba Uranio enriquecido en todos sus reactores, excepto en el 3 que se alimentaba con combustible MOX, prácticamente en su totalidad importado de la planta de reprocesamiento Sellafield, Reino Unido (hace ya mucho tiempo hicimos actividades contra esa planta de reprocesamiento, junto a los integrantes del grupo U2), hoy en proceso de desmantelamiento.
    3. Las centrales argentinas no usan Uranio empobrecido como combustible. Embalse utiliza Uranio natural -el mismo combustible que utilizará Atucha II-, y Atucha I utiliza indistintamente Uranio natural o enriquecido al 0,85%.
    4. Lo anacrónico de los reactores, tanto de los BWR de Fukushima como los PHWR o CANDU de Argentina, es aplicable a ambos. Incluso, los sistemas de refrigeración con agua pesada están abandonándose a nivel global por sus inconsistencias en materia de seguridad. Argentina no cumple los más altos estándares de seguridad de la AIEA.
    Por último: afirmar que la energía nuclear es segura, como un axioma, es una falta de respeto a la verdad, congruente con la historia de secretismo y mentiras que se suceden desde el comienzo de la industria atómica. Es cierto que en toda actividad hay riesgos -como también errores-, lo que hay que calcular es lo ético o anti-ético de determinados riesgos de acuerdo a su alcance, y si es fundamental correrlos. En el caso de la energía atómica, ambas proposiciones quedan fácilmente descartadas. Lo primero, por las víctimas directas o indirectas de accidentes nucleares, como Three Mile Island, Chernobyl o Fukushima. En Argentina lamentamos la pérdida del técnico a cargo de las operaciones en el RA-2 en el Centro Atómico Constituyentes, quien perdió la vida en 1983 por un accidente de nivel 4 en la escala INES, y a 17 operarios irradiados.
    Lo segundo, porque antes de dialogar sobre energía nuclear, hay que recordar cuál es su fin: producir energía. Hoy hay otras tecnologías disponibles con costos menores, construcciones mucho más rápidas, menos emisiones en sus ciclos de vida, «combustibles» inagotables y sin ningún riesgo. Queda claro que no hay motivos para seguir apostando por la energía nuclear en el siglo XXI, que es una trampa económica y temporal a las verdaderas soluciones: las energías renovables.
    Saludos,
    Mauro

  3. Buenas, mis saludos cordiales a ustedes.
    Interesante la Nota pero creo que no debería escaparse del análisis que uno, dos o mil usuarios desconsiderados y derrochadores apenas si suman una o dos grandes industrias en cuanto a consumo electrico.
    Y si bien hay mayor poder adquisitivo y mas personas pueden contar con un aire acondicionado, que gracias al avance cada vez son mas eficientes energeticamente hablando, el mayor consumo está dado en el sector industrial y comercial que también han crecido considerablemente estos últimos tiempos.
    Por otro lado no considero insegura a la energía nuclear siempre y cuando se la trate con respeto. Hoy en día los desechos son utilizados en unos pocos países de oriente que desarrollaron tecnologías para aprovecharlo.
    No deberíamos quejarnos de que Atucha I no haya funcionado porque eso de seguro fue porque esta, no estaba en condiciones optimas para funcionar y prefiero que se detenga su marcha cuando corresponda, para mantenimientos, controles, etc.
    Saludos, sigan adelante que lo de ustedes es muy necesario! no estoy oponiendome solo quería dar otros puntos de vista que no alcancé a ver en esta nota.

  4. si realmente quisieramos mejorar como país y fuera política de estado se realizaría en la Patagonia parques de energía eólica que podrían proveer de energía sustentable abundante para todo aquello que necesitamos como argentinos y seguramente por la cantidad de viento que tenemos seguramente podríamos vender a nuestros hermanos países ….pero tendría que ser POLITICA DE ESTADO PARA CUIDAR NUESTRA ARGENTINA Y APORTAR AL CUIDADO DE NUESTRO PLANETA

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