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El próximo 26 de abril se cumplirán 30 años de la catástrofe nuclear de Chernobyl, uno de los mayores desastres ambientales junto al ocurrido en Fukushima 25 años después. A continuación compartimos el trabajo del fotógrafo independiente Greg McNevin, que trabajó junto a Greenpeace en un novedoso proyecto que permite retratar, mediante modernas técnicas de medición, los niveles de radiación en las zonas afectadas:
Por Greg McNevin
30 años después de Chernobyl y 5 años después de la triple fusión de los reactores de la planta nuclear TEPCO Fukushima Daiichi, aún se perciben las sombras de ambos desastres. Luego de la catástrofe de Fukushima, me uní a los grupos de monitoreo de Greenpeace para tratar de cuantificar y comunicar el impacto de la radiación en la población.
Documentar el daño y las injusticias ambientales es algo que Greenpeace ha estado haciendo por más de 40 años, pero hay una pregunta que siempre gira en mi cabeza: ¿Cómo echar luz sobre lo invisible?
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Encontramos la respuesta en un bastón de luz de LED que, cuando se conecta a un contador Geiger, permite que los niveles de radiación sean medidos y desplegados en tiempo real. Tomamos una foto de un área contaminada, caminamos en ella con esta herramienta y nos encontramos con una luz ondulante que muestra perfectamente la radiación en el medio ambiente.
El color blanco muestra los niveles “aceptables” de radiación de acuerdo a los parámetros de descontaminación del gobierno japonés luego del desastre, mientras que el color naranja refleja la radiación que excede esos niveles y que es riesgosa si no se toman medidas de protección. El color rojo muestra niveles de radiación que, según el gobierno ruso, implica una necesaria reubicación de los habitantes.
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Usando esta herramienta en las zonas afectadas por los accidentes de Chernobyl y Fukushima, encontramos que los lugares que habían sido “descontaminados” por las autoridades presentaban niveles de radiación por encima de los límites oficiales. Esto significa que la radiación permanece, sigue allí. En la región de Bryansk en Rusia, 30 años después del desastre, encontramos niveles de contaminación comparables a algunos lugares de Fukushima hoy.
Ya sean cinco o treinta años después, el peligro de la contaminación ambiental continua, y las comunidades cercanas aún pelean contra lo que se convirtió en su vida cotidiana. En Starye Bobovichi, a unos cientos de kilómetros de Chernobyl, la directora Tatyana Dorokhova cree que llegaron a su escuela materiales contaminados. Esto explicaría por qué se pueden encontrar sectores con alta contaminación cerca de sus jardines, pero baja en el resto del edificio.
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La maestra Sadako Monma se esforzó por limpiar su escuela de enfermería “Soramame”, pero eventualmente se relocalizó en las afueras de Fukushima, donde los niveles de radiación eran inferiores, ya que limpiar el lugar no era suficiente. Sin embargo, no logró mejorar el número de asistentes a su escuela. En 2016 pondrá fin a un sueño que empezó hace 20 años.6
La mayoría de las casas en la villa de Starvyy Vyshkov en Rusia están abandonadas y en ruinas. Y el por qué lo podemos responder cuando encontramos contaminación radiactiva comparable a lugares como Iitate, en Fukushima.
Ocasionalmente, nuevos residentes se mueven a estas casas abandonadas. En general, se trata de personas demasiado ancianas para preocuparse por la radiación y su salud, o tan pobres que no tienen otra opción. Aquellos que permanecieron en el lugar desde el día del desastre, como Natalya Rueva, dueña de una de las tiendas de la ciudad, no tienen otro lugar a donde ir, y la radiación se convirtió en parte de su vida.
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Una vez que una comunidad se desintegra bajo la amenaza invisible de la radiación, es extremadamente difícil volver a unirla. Toru Anzai e Hiroshi Kanno, agricultores de Iitate, lo saben de primera mano. Después de vivir en casas temporales durante años, no creen que podrán volver a su hogar, ya que su comunidad y su estilo de vida desaparecieron para siempre.
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Veinticinco años separan a las víctimas de Fukushima y Chernobyl, pero su lucha es la misma. La radiactividad se acumula en el medioambiente durante mucho tiempo, hasta cubrir cada aspecto en la vida de las comunidades afectadas.

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2 thoughts on “Chernobyl y Fukushima: Iluminando lo invisible”

  1. Es todo un gran basural para q el estado encima no los proteja, cual sera la funcion del mismo?.Una triste realidad ver tanta deshumanizacion

  2. La gente que sufrió las consecuencias del accidente de Chernobyl y Fukushima deberían tener prioridad máxima por parte del estado, ya que ellos tuvieron la culpa de esto. El medio ambiente se encuentra deteriorada y las personas de allí están en terribles condiciones, algunos no tienen casa, otros no tienen dinero y deben reincorporarse en lugares donde no es para nada habitable, otros perdieron todo en el accidente y no tienen manera de recuperarlo, entre otras cosas. Esto es una vergüenza por parte del estado, no solo aportaron más daño al medio ambiente sino que también se lo hicieron a muchas personas. ESTO NO DEBE PASAR !! Espero que haya presidentes que tomen conciencia de esto y aprendan del error, para poder hacer de esto solo una mancha mas en nuestra historia 🙁 y puedan solucionar nuestro futuro 🙂

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