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A casi 30 años del desastre nuclear en Chernobyl, una catástrofe que generó cien veces más radiación que la bomba arrojada sobre Hiroshima y Nagasaki, muchos lo toman solo como un hecho histórico y se olvidan de los graves efectos que aún produce sobre las vidas humanas. Rashid Alimov, integrante de la campaña nuclear de Greenpeace Rusia, visitó la región de Bryansk y te cuenta de primera mano cómo la población vive bajo la amenaza constante de la radiación:
Por Rashid Alimov
En la región de Bryansk en Rusia, y a pesar de estar a más de 180 kilómetros del accidente que tuvo lugar hace 30 años, aún se pueden encontrar altos niveles de radiación.
Esta amenaza invisible es la realidad con la que conviven los 5 millones de sobrevivientes que hoy por hoy residen en áreas con radiactividad en Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Se alimentan con vegetales contaminados y respiran humo radioactivo de los incendios que se producen en los bosques afectados por la tragedia de Chernobyl.
Allí, en Bryansk, muchas comunidades debieron haber sido evacuadas hace tiempo, pero esto nunca sucedió. Incluso peor, el gobierno ruso está eliminando la protección que aseguraba la ayuda y sostén para los habitantes de la región. El año pasado, 300 mil personas perdieron este apoyo por parte de las autoridades cuando los gobernantes cambiaron el estado en el que se encontraban varios miles de asentamientos, sin hacerlo público.
Conocí al Dr. Victor Khanayev en las cercanías de la ciudad de Novozybkov. Con sus viejas iglesias, la zona me recuerda a muchos lugares históricos de Rusia, excepto que aquí la radiación invisible de Chernobyl brilla de fondo.
El Dr. Khanayev está preocupado por la comida local que sus pacientes deben ingerir por la falta de dinero para comprar alimentos importados más caros. En sus palabras: “Es imposible para las personas del campo darle la espalda a la producción del lugar, especialmente cuando la compensación monetaria oficial es tan baja. Las autoridades regionales están tratando de hacer algo al respecto, pero poco pueden lograr sin dinero. El presupuesto destinado es como una sábana corta tirada de un lado o de otro, aunque algunas partes siempre queden al descubierto.”
Pero a pesar de todo estas personas no se rinden.
Más de 50 habitantes de Bryansk se dirigieron a la Corte Suprema de Rusia para oponerse a la decisión del gobierno de eliminar los planes sociales y su derecho a volver a asentarse.
Somos personas. No aceptaremos que nos traten de esta manera. Las autoridades no han demostrado que nuestras ciudades estén limpias. Nosotros sabemos que no lo están”.
Lamentablemente, la Corte Suprema se puso del lado de los gobernantes y no de los sobrevivientes de Beryansk. Los jueces omitieron su caso.
Vamos a apelar esta sentencia”, afirmó Maxim Shevtsov de la Unión Novozybkov, una organización que da su apoyo a los sobrevivientes de Chenobyl, “e iremos hasta la Corte Europea de Derechos Humanos para defender nuestra salud”, concluyó.
Una de las pobladoras aseguró: “Seguiremos luchando. No tenemos más nada que perder”.
Pero, al final, es el gobierno quien debería asumir la responsabilidad y proteger a los sobrevivientes. Contra todas las probabilidades, la población reclama por sus derechos y se opone a la burocracia irresponsable de las autoridades locales.

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One thought on “Comer y respirar Chernobyl: A casi 30 años, la amenaza de la radiación continúa”

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