La Coordinadora de Acciones, Fabiana Bellina, participó junto a más de 80 activistas del bloqueo al buque petrolero Mikhail Ulyanov de la empresa rusa Gazprom que transportaba al puerto de Róterdam, Holanda, las primeras 70 mil toneladas de petróleo extraídas del Ártico. Intervinieron los barcos de Greenpeace Rainbow Warrior y Esperanza, botes inflables, escaladores y parapentistas. El objetivo: mostrarle al mundo que las petroleras ya están operando en el Ártico. En este post, ella misma nos cuenta cómo fueron los prepartivos, las horas previas y la acción:

Cada detalle se había planeado en secreto durante meses. El 28 de abril, entre activistas y tripulantes nos encotrábamos alrededor de 100 personas en el taller de Greenpeace Holanda. Estábamos representando a 15 países. Había activistas de Alemania, Suecia, Finlandia, Inglaterra, Italia, Suiza, Austria, Hungría, y entre los tripulantes había gente de Estados Unidos, Dinamarca e India.

Tres personas se encargaban de preparar las comidas, como en un barco. En un pizarrón se anotaban los mensajes importantes: las reuniones generales o de equipos ya formados; las comidas y sus horarios. El horario del desayuno era lo más variable porque dependía del trabajo del día; el almuerzo era a las 12 y la cena a las 19. Las comidas eran veganas y vegetarianas.

El martes quedaron formados los equipos: escaladores en dos distintos –uno que entraba al puerto por agua en gomones, el otro que era el mío que entraba por tierra), los equipos de botes se dividían en distintos gomones entre el equipo de escalada, el de pintura, el que llevaba a la prensa, otros botes más chicos eran los que iban de seguridad de los dos parapentes y otro que dejaba a los nadadores (hombres boyas)

A partir de la conformación de cada equipo, ya teníamos reuniones más cerradas para ver cómo lograr nuestro objetivo. El miércoles aún no había novedades del buque que transportaba el petróleo, el Mikhail Ulyanov. Era imposible rastrearlo para saber cuándo iba a llegar al puerto de Róterdam.

Seguíamos sin noticias del buque –¡había desconectado su radar!– Pero afortunadamente, el capitán del Esperanza se pasó toda la noche escuchando la radio hasta localizarlo.

Mi equipo pasó todo el miércoles en una playita, como un parque con un lago y una confitería con cabañas para dormir. Pasamos la noche y nos levantamos el jueves a las 6am, sabiendo que el barco llegaría en 2 horas como máximo. No te puedo explicar cuánta emoción y adrenalina sentí apenas abrí los ojos.

En particular mi rol era escalar una de las cuatro torres del muellea unos 30 metros de altura. Desde allí daría ayuda a los activistas que iban a colgar una cartel con un mensaje para reclamar a las petroleras que no destruyan el Ártico. Además había otros que tenían rol de rescate de ser necesario.

Pero no llegamos a realizar todas las actividades. Logramos con éxito pasar el alambrado de entrada al puerto que tenía unos 3 metros de altura. Éramos alrededor de 18 personas avanzando durante un kilómetro y medio. Cuando llegamos al muelle la policía nos estaba esperando.
Nos interceptaron y en holandés nos dijeron que no podíamos seguir. Quisimos pasar igual y comenzaron a empujarnos y pegarnos con sus palos antidisturbios, algo que nos sorprendió, porque la policía holandesa no suele actuar así.
No pudimos hacer mucho más que sacar las banderas pequeñas con mensajes por el Ártico y mirar hacia el buque ruso. Pero, mientras tanto, varias acciones ya se desarrolaban perfectamente: dos parapentes sobrevolaron el buque, otro grupo pintó la frase «No arctic oil» («Frenemos el petróleo del Ártico») en un costado del buque. Se veía sorprendente. El Rainbow Warrior tenía un cartel con el mismo reclamo entre los mástiles, los botes intentaban dejar a los escaladores en una de las defensas donde amarraría el buque para retrasar la amarra, pero los agentes de prefectura pasaban y lo complicaban.

Formar parte de esta acción gigantesca e internacional, y de una campaña tan importante como la del Ártico para mí es un orgullo, una experiencia invaluable. Conocí mucha más gente y me reencontré con varios de los 30 activistas detenidos en Rusia el año pasado que conocí cuando los liberaron bajo fianza en San Petersburgo. Además, convivir con tanta gente casi una semana y siempre percibir buena onda y compañerismo es súper inspirador.
Ser testigo del primer petróleo extraído del Ártico es completar parte de la historia que se inicio en septiembre de 2013, cuando nuestros compañeros Camila Speziale y Hernán Pérez Orsi junto a 28 hombres y mujeres fueron a impedir un derrame catastrófico en la región.

Sigo siendo optimista. Sé que podemos cambiar el rumbo. Podemos detener a las petroleras. Más de 5 millones de personas en todo el mundo piden que el Ártico se declare Santuario de la Humanidad. Ahora sólo necesitamos del apoyo y la decisión política de los países más poderosos. Vamos a lograrlo..

Sumate a nuestra lucha para salvar el Ártico. Firmá ahora nuestra petición para pedirle al director de Shell que no financie la destrucción del Ártico. Hacé click aquí.
 

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