Después de una reñida elección, los votantes decidieron que Dilma Rousseff continuará los próximos cuatro años al frente de la presidencia de la república. En cuanto a políticas medioambientales la pregunta es si acumulará cuatro años de atraso. A juzgar por su falta de compromiso con el tema durante las elecciones, es posible que sí.


Dilma se negó a presentar propuestas ambientales durante las elecciones. Sostuvo que seguirá con la línea de su primer mandato. Y esto puede ser una muy mala noticia para el área del medio ambiente.

A cargo de Brasil, Dilma tuvo una administración que ha hecho que el país vaya a contrapelo de la protección de la naturaleza. ¿Era su lapicera la que firmó la amnistía para los criminales ambientales en el nuevo código forestal? Como resultado, la caída de la deforestación del Amazonas se interrumpió y, en el último período de medición, el país registró un aumento del 29% en la destrucción de los bosques. Datos recientes demuestran que este año tenemos una nueva tendencia alcista.

El gobierno actual también permite ejecutar proyectos de ley en el Congreso que ponen en peligro Unidades de Conservación y Tierras Indígenas. La preocupación por la preservación de bosques aumenta al verificarse el fracaso de Rousseff en crear nuevas áreas protegidas en el país. En comparación, en su primer mandato, Lula creó 20 millones de hectáreas de bosques protegidos y Fernando Henrique otros 8 millones. Dilma no ha llegado a los talones de ninguno de ellos, con 0,7 millones, muchas de las cuales se pusieron en protección hace unos días, al calor de la elección.

La meseta también se ve en el problema de la tala ilegal y la violencia en la Amazonia. Debido a la falta de gobernabilidad, la industria maderera está destruyendo el bosque en silencio y de manera agresiva e ilegal. La situación se ve alimentada por la falta de control y supervisión. No sólo los árboles son víctimas: la violencia recae contra los partidarios de los pueblos tradicionales y los derechos de la tierra, con asesinatos por hombres armados e impunidad derivada de la ausencia del Estado.

En el ámbito internacional, el país perdió el papel vital que desempeñó en las discusiones sobre la protección de los bosques para ser protagonista de escenas lamentables. En una reunión reciente de la ONU, el gobierno brasileño se negó a firmar la declaración de Nueva York, un documento que pide el fin de la deforestación en todo el mundo. La declaración cuenta con 150 firmas, incluyendo 20 estados, 40 empresas que operan a nivel mundial y más de 32 países. El gobierno no sólo debió haber firmado el documento, si no que debió contribuir a que su contenido fuera aun más ambicioso. En su lugar, sólo se disculpó, diciendo que no conocía el texto. Países como Togo, Liberia, Etiopía, Francia, Alemania y los EE.UU. conocían y firmaron el documento.

Los problemas con la agenda ambiental continúan en materia de generación de energía. A pesar de anunciar en todo el mundo que el país invierte en energías renovables, el Plan Decenal de Expansión de Energía, anunciado en septiembre, predice que el 70% de las inversiones en el sector se dirige a los combustibles fósiles. Para las energías renovables como la eólica, la solar y la biomasa, será sólo del 9,2%, y para los biocombustibles, sólo el 6,5%. Casi la mitad de las inversiones previstas para la expansión de la electricidad instalada se enfrenta a las grandes centrales hidroeléctricas, sobre todo en la Amazonía, que traen enormes impactos sociales y ambientales.

Tales decisiones sólo profundizan una crisis energética por la que transita el país. Hubo un aumento promedio del 30% en la factura de la luz de los brasileños. En los últimos cuatro años ha habido un aumento del 500% en las emisiones del sector eléctrico de los gases que calientan el planeta. Las soluciones a problemas tales como la energía solar, que podría abastecer a más de 10 millones de hogares, lo que genera más de 200 mil puestos de trabajo y descenso tanto de la factura y el costo ambiental del país, no son tenidas en cuenta.

En los últimos cuatro años, las emisiones brasileñas de sectores como la industria, la energía y la agricultura nunca dejaron de aumentar. El transporte público ha más que duplicado sus emisiones durante la última década, sin contar las pérdidas para la población de unos 100 millones de dólares anuales debido a los atascos de tráfico y el transporte público insuficiente.

Gran parte de esta pérdida se debe a la elección de la inversión en el transporte individual por sobre el transporte público. La prueba es que de los aproximadamente US $ 150 millones de dólares prometidos en los últimos años para la movilidad urbana, sólo el 30% fue de hecho convertida en mejoras para la población.

El saldo al final del primer mandato de Dilma, es que la disminución de la deforestación del Amazonas está amenazada, y que persiste una visión miope y sesgada en temas de energía y movilidad urbana, que hace caso omiso de los riesgos y pasa por alto el potencial de las fuentes de energía como el viento y el sol, abundantes en el país, pero abandonadas por el gobierno actual.

Rousseff no dijo qué hará en los próximos cuatro años. Pero cada día le exigiremos una responsabilidad más digna con el medio ambiente, a partir de la corrección de los errores de su primer mandato.

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One thought on “Conocé cuáles son los principales desafíos ambientales para el nuevo mandato de Dilma Rousseff en Brasil”

  1. Los de mayor poder tendrían que participar en las acciones ambientales ya que son los que mas economía y medios para la comunicación poseen,pero esto,lamentablemente no sucede.

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