Especial de agroecología
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  Producen y comercializan su propia yerba. Distribuyen en todo el país, Europa, Estados Unidos y Asia. Plantean dificultades: malezas, costo de la certificación orgánica y la falta de políticas públicas.

  Por Darío Aranda*
  Fotos Martin Katz
  La Yerba Kraus es orgánica y se comercializa tanto en el país como en el exterior. La historia se remonta a 1894, cuando Francisco Kraus, de Austria, llegó a Buenos Aires y de ahí a Misiones. “La yerba sin agroquímicos es más beneficioso para el que toma mate y también genera más mano de obra”, celebra Milton Kraus, bisnieto del fundador. Señala las potencialidades del sector, pero también advierte sobre los costos de la certificación y la necesidad de intervención del Estado.
 Francisco Kraus llegó a la Argentina en 1894, se casó con Ulda Spalding y tuvo ocho hijos. Francisco José, el mayor, tomó las riendas del yerbal. Tuvo cinco hijos y dos de ellos (Juan Ángel y Román) continuaron con la empresa familiar y construyeron su propio secadero. Los hijos de Juan Ángel continuaron el trabajo (Romina, Gino, Milton). Quienes consolidaron la marca propia “Kraus”.
  Yerba Kraus está certificada por la Organización Internacional Agropecuaria (OIA) desde 1998. Lo que es una “ventaja”, también aumenta mucho los costos. Y cuenta con certificación de “comercio justo”, que implica que respeta los trabajos y salarios dignos de toda la cadena productiva.
  Yerba Kraus se cultiva y elabora en la Colonia Santo Domingo Savio (departamento de San Ignacio, Misiones). Se presenta como una empresa familiar que mantiene el espíritu de sus antepasados. Y produce té verde orgánico.
  Milton Kraus afirma que existen muchos productores que podrían ser orgánicos o agroecológicos, pero el cuello de botella lo tienen en el control de malezas. La única “solución” que les han enseñado es el uso de químicos. Y desisten de las clásicas formas mecánicas. “Sería un beneficio, dar trabajo, contratar más mano de obra en la provincia”, señala, aunque también reconoce que en los últimos tiempos les es difícil conseguir mano de obra.
  Utilizan motoguadaña, macheteadoras que van acopladas con tractores, y carpidas sectorizadas alrededor de la planta. También implementaron un plan de reforestación, árboles nativos entre la yerba, lo que aumenta la biodiversidad, crea hábitat para pájaros y obtiene mayor fertilidad de suelos. Es muy útil para combatir el extremo calor de Misiones, agresivo para los yerbales. “Es un poco recrear el lugar de donde vino la yerba, que es un árbol que crece en el monte, es buscar algo parecido a lo que es la naturaleza, un principio de la agroecología”, explica Kraus.

  Muchos productores temen plantar árboles entre los yerbales. “Los asusta la caída del rendimiento”, advierte Kraus. Reconoce que algo baja, pero en la ecuación total no hay gran diferencia. Incluso afirma que, para productores menores de 30 hectáreas, no les conviene gastar dinero en agroquímicos. Ganarían más siendo ecológicos.
  El campo tiene 400 hectáreas, cuenta con yerba, ganadería, forestación y partes de monte nativo. Tienen plantaciones viejas (de la época de su abuelo) y nuevas. Están en un proceso de recambio. Explica que el árbol de yerba de muchos años se puede cortar de raíz, y vuelve a crecer. A los dos años ya se puede cosechar. En cambio un plantín nuevo lleva al menos cuatro años para la primera cosecha (que se hacen de abril a septiembre).
  Reconocen que no todo es color de rosa. Por ejemplo, no tienen aún definido qué hacer con el aporte de nutrientes al suelo. Han probado con avena y porotos. Pero ahora están reevaluando.
  La certificadora se lleva el uno por ciento de la facturación bruta y, aparte, unos 50 mil pesos anuales (entre viáticos, honorarios, pasajes). Afirma que debiera intervenir el Estado, con una “certificación participativa” (de productores y organizaciones sociales).
  Ante la consulta de cuál debiera ser el rol del Estado, Milton Kraus piensa un momento y precisa: “El Estado debe estar presente haciendo proyectos sustentables y ecológicos”. Facilitaría que haya más productores e insiste en que se brinde más asesoramiento e información para eliminar malezas. También ayudaría aumentar el precio del kilo de hoja verde para los productores agroecológicos.
  Un problema frecuente, e insólito: los hurtos de yerba. Paran con un camión, un grupo de personas se abalanza sobre los árboles, cortan y huyen. Además del robo, rompen los árboles (por la poda rápida).
  De la chacra de Kraus se obtiene un promedio anual de 250 mil kilos de hoja verde. Luego de la molienda queda una tercera parte (depende de la época de cosecha, cuánta agua hay en los brotes y la cantidad de palos, entre otros factores). Los rendimientos son variables. Se puede lograr de 3.000 a 10.000 kilos por hectárea de hoja verde. Algunas chacras vecinas, con riego asistido, pueden llegar a los 15.000, pero usan químicos.
  La publicidad de Kraus señala que es elaborada por “un sistema único de secado”, creado e implementado por Juan Ángel Kraus, método que tiene un flujo de aire caliente producido por el calor indirecto de una caldera. De esta forma obtienen un producto “libre de humo, de sabor suave y delicado aroma”. Recuerda que en Argentina se consumo 6,7 kilos de yerba por personas por año, se extiende por todo el país y no distingue edades ni clases sociales.
  Comercializan en Estados Unidos, Alemania, Francia, Noruega, España, Reino Unido, Polonia, China y Japón. Explica que suelen ser latinos que viven en esos países, pero también extranjeros que consumen como té, en taza. Y con una novedad: el mercado de bebidas gaseosas, que están incluyendo mate con lima, limón y otros extractos.
  La chacra forma parte de la “ruta de la yerba mate”, un  itinerario turístico-productivo de más de mil kilómetros entre Misiones y Corrientes, que promueve el conocimiento de la cultura yerbatera. Mediante visitas guiadas, cabalgatas, caminatas, paseos en canoa, degustaciones y actividades en el monte, propone una mirada múltiple sobre la experiencia de la yerba como patrimonio natural y cultural.
¿Te perdiste la entrega anterior? Encontrala acá.
Leé más sobre este tema: Agricultura ecológica. Caso Misiones: La cuna de la yerba mate.
*Darío Aranda es periodista especializado en extractivismo (petróleo, minería, agronegocios y forestales). Trabaja en el diario Página/12, la cooperativa de comunicación La Vaca y las radios FM Kalewche (Esquel), la Cooperativa La Brújula (Rosario) y Los Ludditas (FM La Tribu). Escribe sobre pueblos indígenas, organizaciones campesinas y asambleas socioambientales. Además es autor de “Argentina originaria: genocidios, saqueos y resistencias” y “Tierra Arrasada. Petróleo, soja, pasteras y megaminería.”
En el marco de la campaña de Agroecología, escribió una serie de artículos vinculados a la temática de la agricultura ecológica. Todos los jueves publicaremos en nuestro blog una nota contando diferentes aspectos y testimonios sobre este tema. No te pierdas este especial sobre el futuro de los alimentos en la Argentina.

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