Lucía Pach es voluntaria del grupo local de Buenos Aires e integrante del equipo de Náutica. En esta nota nos cuenta en primera persona cómo es participar de un fin de semana de entrenamiento en Greenpeace. Su relato empieza con una frase tan emocionante como contundente: “Si hay algo que nos caracteriza a todos son esas ganas locas de poner el cuerpo para salvar al mundo.”

El entrenamiento arranca el viernes y lo realizan voluntarios de todas partes del país: “Los micros llegan a la terminal de Retiro desde Paraná, Rosario y Córdoba.” Lucía es de Coronel Suárez pero ahora vive en Capital Federal: “Ahora somos dos los que vivimos acá y nos encargamos de esperar a nuestros compañeros del interior en el taller cuando llegan a la madrugada, y de preparar el desayuno para esperar con unos mates calentitos a Dani, Cristian y Gastón que se encuentran en Retiro para venir juntos en subte, y asegurarse de que nadie se pierda en la inmensidad de la Capital Federal.”
Los chicos llevan un mes sin verse y la emoción de encontrarse los inunda. Después de “esos abrazos interminables que demuestran lo mucho que nos extrañamos y de unos mates con galletitas” empieza el día de actividades.
“A las 10 el equipo se divide entre los que hacen tareas de mantenimiento de los botes en el taller, los que se dedican a los presupuestos y compras, el que se encarga de organizar la comida del fin de semana y el que deja lista y cargada en la camioneta la ropa impermeable, botas de goma, chalecos de seguridad, entre otros. A eso de las 18 horas damos por finalizadas las tareas del día y después de la ducha y el cambio de ropa estamos listos para juntarnos todos en la cocina, preparar algo para comer, reírnos mucho, que aparezca algún chiste cordobés y terminar el viernes temprano mirando alguna película, sabiendo que nos espera un sábado que nos necesita bien despiertos.”
Sábado
Son las 7 de la mañana. “La alarma del más madrugador empieza a sonar y a medida que pasen los minutos canciones de todos los géneros musicales posibles de imaginar inundaran de sonido el container que sigue a oscuras porque todavía no amaneció. Mayo. No sabemos la temperatura exacta en ese momento pero de algo estamos seguros: ¡El frío que hace! y, aunque nadie lo dice, todos pensamos lo mismo: ¡El frío que va a hacer cuando estemos en el río y nos mojemos! Pero como este equipo no le tiene miedo a nada, nos calzamos la ropa térmica y un café bien caliente y un par de tostadas son suficientes para darnos la energía necesaria para agarrar la mochila, subirnos a la camioneta y partir rumbo al club, donde nos esperan nuestros queridos gomones el “GP3” y el “GP4”.
El día se va calentando entre ejercicios para maniobrar los gomones, unas pizzas caseras reparadoras y prácticas de radiocomunicaciones. Finalmente, una ducha calentita, una siesta en el viaje de vuelta, la cena con todo el equipo y…¡Empieza la parte teórica! “Estudiamos la teoría de un libro y hacemos presentaciones orales con diapositivas y esquemas en el pizarrón ante la atenta mirada de nuestros compañeros que tienen más tiempo en el equipo, que nos señalan lo más importante y nos dan ejemplos desde su experiencia.”
Domingo
La rutina de alarma y el desayuno es igual a la del sábado: “A Gastón siempre se lo termina despertando con algún almohadazo”, y la vuelta del club después de los ejercicios es un rato antes “porque se vienen las tareas de limpieza de los gomones, para dejarlos en perfecto estado. Después de eso y de pasar por las duchas, los chicos del interior caminan desde el club unas cuadras hasta Retiro para emprender la vuelta a sus ciudades. Y los demás volvemos al taller a dejar las cosas.”
Lucía siente que el fin de semana de entrenamiento vuela: “Cuando uno la pasa tan bien cuesta aceptar que se pase tan rápido.” Y termina con una reflexión inspiradora:  “Cada uno de un rincón distinto del país, con acentos distintos, con palabras y expresiones que a veces no entendemos, con gustos y opiniones distintas construimos en muy poco tiempo un equipo sólido, con confianza y que nunca deja de divertirse con lo que hace. Cada uno tiene algo diferente que aportar y juntos hacemos un todo que está listo para desempeñar su papel en esta organización siempre que se lo necesite. Ahora cada uno vuelve a su casa, a su rutina de trabajo o estudio, y solo nos queda esperar que se pase rápido este mes que nos separa del próximo entrenamiento.”
¿Te gustaría vivir una experiencia como la de Lucía? ¡Sumate como voluntario a Greenpeace! Los voluntarios son fundamentales para la organización, son el alma de este gran equipo que trabaja por el planeta. Entrá acá, leé más y anotate.
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3 thoughts on “En primera persona: Así es un entrenamiento de nuestros voluntarios”

  1. Una gran tarea tarea realizan esto chicos q ponen el cuerpo a lo q sea, abrazos y felicitaciones por pensar en el planeta y en nosotros GRACIAS

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