Hace más de dos semanas, un grupo de más de veinte activistas de Greenpeace están al norte de Salta, frenando las topadoras que ya empezaron a destruir áreas protegidas por la Ley de Bosques con autorización del gobernador Juan Manuel Urtubey. Germán Morales, Coordinador de Marketing Directo, pasó una semana en el primer campamento que montamos en la finca El Cuchuy, y quiso compartir su experiencia:

«Hoy quiero contar lo que viví en Salta. Fue una experiencia que cambió mi vida para siempre. Trabajo en Greenpeace hace dos años como Coordinador de Marketing Directo y tuve la posibilidad de participar en algunas acciones en estos dos años. Aun así, para alguien que no viene del palo del activismo todo esto es nuevo y apasionante.

Tenía muchas ganas de participar en esta acción porque quería experimentar lo que siente un activista. Necesitaba saber cómo es poner el cuerpo para salvar el mundo. En ese momento no me imaginaba lo que iba a pasar, eso lo descubrí cuando realizamos la primera acción en la finca «El Cuchuy». Llegamos hasta allí por un camino polvoriento de casi 2 horas en camioneta. Durante el viaje, me entristeció ver tantos árboles talados. La imagen era devastadora.


Ese primer día bloqueamos dos tanques que contenían combustible para que funcionen las topadoras, hacía 40 grados de calor y teníamos muy poca sombra.

Nos encontrábamos en medio del polvo, rodeados de montones de árboles destruidos. El agua que habíamos llevado se había calentado y era casi imposible de tomar. El poco viento que había era caliente y más tarde nos invadieron las avispas, con quienes aprendimos a convivir, ya que si no las molestábamos mucho, al cabo de un tiempo se iban solas.

Me pregunté a mí mismo si valía la pena estar ahí. Realmente la estaba pasando mal, aunque no se lo comenté a mis compañeros, quienes parecían estar disfrutando todo eso. Reconozco que quería que terminara pronto; ansiaba no estar ahí, ducharme con agua fría y descansar en mi cama. Pero lejos de eso, sólo me restaban unos cuantos días más de lo mismo.

La primera noche no podía dormir por el calor que hacia en la carpa, cuando al fin logré descansar, una fuerte picazón en el brazo me despertó, prendí la linterna y vi una garrapata picándome. No podía sentirme peor.

Al día siguiente algo cambió, pero no fue el entorno incómodo y carente de confort en el que estaba; fue algo en mi manera de verlo.

Aquí estoy junto a una cisterna que bloqueamos para que no pudiera seguir alimentando a las topadoras. A mi lado, un grupo humano maravilloso que trabaja incansable para salvar nuestros bosques.

Traté de observar el bosque y concentrarme en los animales que estaban muriendo, conversé con los representantes de las comunidades indígenas que nos acompañaban y eso me dio una nueva perspectiva.

Verlo de esa manera me permitió involucrarme aun más y, junto a mis compañeros, continuar en el campamento con una nueva visión.

Estoy agradecido por haber podido participar en esta acción y contribuir aunque sea un poquito a detener los desmontes ilegales. Es importante reconocer que nada de esto sería posible, ninguna campaña ni acción, sin el aporte de cada uno de nuestros socios, quienes donan dinero voluntariamente para que podamos seguir protegiendo no sólo nuestros bosques, sino también nuestros ríos y oceanos, la tierra y el aire que respiramos.

Sinceramente gracias a todos los que nos apoyan. En cuanto a mí, ahora siento una responsabilidad mayor de dar lo mejor de mí para seguir difundiendo la misión de Greenpeace».

Sumate a las más de 200 mil personas que ya le escribieron al gobernador Urtubey para que pare de destruir los bosques en Salta. Hacé click aquí.

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