Activistas de Greenpeace Brasil realizaron este lunes una protesta en Sao Paulo reclamando por el desastre ambiental en el Golfo de México, causado por la explosión de la compañía petrolera el 20 de abril. Para ello, simularon un derrame de petróleo frente a la sede de British Petroleum (BP) utilizando cuatro barriles llenos de una sustancia negra (una mezcla de harina con una tinta no tóxica).
La actividad duró alrededor de media hora y participaron 15 activistas, quienes derribaron dos barriles y agujerearon los otros dos. También colocaron animales de peluche “empetrolados” en representación de la fauna afectada por el desastre de BP, junto con un cartel con la leyenda «Hoy BP, mañana Pre-sal (plan brasileño para la explotación de crudo en aguas profundas)», recordando así los riesgos de ir cada vez más profundo en la búsqueda de fuentes de energía sucias.

Según datos del gobierno de EE.UU, el accidente liberó el equivalente a 5 millones de barriles de crudo en el Golfo de México damnificando la pesca y el turismo en la costa de cuatro estados y provocando daños incalculables a los ecosistemas costeros y marinos de la región. La cifra oficial es suficientemente grande como para convertir la fuga de  BP en la más grande de la historia y sirve como recordatorio de los riesgos a los que se enfrenta el mundo por querer saciar su sed de combustibles fósiles.

«Como consumen casi todo el petróleo en las zonas de más fácil acceso», señaló Ricardo Baitelo, coordinador de la campaña de Energía de Greenpeace Brasil, «las empresas tienen que ir siempre más lejos y más profundo para encontrarlo.»
«El accidente ha demostrado que no existe una tecnología para evitar grandes derrames en el mar«, dice Baitelo. Además de la falta de seguridad, la inversión en la exploración petrolera en aguas profundas va en la dirección opuesta a la necesidad de buscar fuentes de energía capaces de revertir la crisis climática. El consumo desenfrenado de combustibles fósiles aumenta las emisiones de gases de efecto invernadero, contribuyendo al calentamiento global.
«Es hora de que se empiece a invertir en energías renovables como la eólica y solar«, insiste Baitelo. En Brasil, hay un proyecto de ley en el parlamento para fomentar la inversión y el uso de energías más limpias y seguras para el país. Pero el gobierno no parece interesado en ellas. Prefiere ver el desarrollo del país en la explotación de las reservas del pre-sal”.




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