El diario La Nación publicó ayer en su suplemento «Enfoques» una interesante entrevista a nuestro Director Ejecutivo, Martín Prieto en la cual responde a las preguntas, cuestiones y dilemas que generalmente aparecen cuando se habla de Greenpeace, de su trabajo, su financiamiento, su posición frente a los problemas ambientales y frente a los gobiernos. La compartimos con ustedes:

«Detrás de todo problema ambiental hay un negocio»

Por Luciana Vázquez
Director de Greenpeace en la Argentina, Prieto denuncia una deuda ecológica grave en el país, afirma que el Gobierno está «sacrificando glaciares por minería» y señala que por efecto del cambio climático en todo el mundo «mueren más de 300.000 personas al año»
Curioso. El director ejecutivo de la filial argentina de Greenpeace, el abogado Martín Prieto, es optimista. A la hora del balance obligado después de veinticinco años de presencia sostenida de Greenpeace en el país, Prieto no lo duda: «Muy positivo», dice.
El dato clave de su optimismo es el compromiso creciente de los argentinos en temas medioambientales. Prieto tiene cifras que lo demuestran. Cientos de miles de seguidores de Greenpeace en Twitter, en Facebook, cientos de miles de mails y llamadas teléfonicas en las campañas de mayor éxito, decenas de miles de socios. Más que en Chile, más que en Brasil, más que en México.
Sin embargo, la Argentina no logra bajar su huella de carbono: 4,8 toneladas métricas de dióxido de carbono per cápita, según datos del Banco Mundial en 2008. Más que Chile, con 4,4. Más que México, con 4,3 per cápita. Más que Brasil, con 2,1.
De cómo medir el impacto y la eficacia de Greenpeace con el dato de una Argentina contaminante. De los dilemas en el tema medioambiental. De las mineras, la soja y los celulares. De la responsabilidad de los Estados, las empresas y la gente. De todo eso habló con Enfoques este activista medioambiental que contestó todo con la mesura de un hombre de derecho.
¿Cuál es el balance después de veinticinco años de presencia en la Argentina?
-Nuestro balance es muy positivo. Contra el prejuicio de que al argentino no le interesa la cuestión ambiental, es sorprendente su nivel de participación en temas ambientales. Ochocientas mil personas reciben nuestros mails para participar de nuestras campañas con llamadas de teléfono o mails. Ochenta y cinco mil socios hacen donaciones todos los meses, con las que Greenpeace se financia. Es su única fuente de financiación.
¿Los socios son personas particulares?
-Sí. Ninguna empresa ni ningún gobierno puede ser socio de Greenpeace.
-Pero sí puede serlo el CEO de una empresa, por ejemplo.
-Sí, siempre que no haga una donación superior a los diez mil pesos por mes, en cuyo caso es sometido a una evaluación para determinar si la donación puede tener incidencia en la toma de decisiones. Si fuera así, la respuesta es muchas gracias, pero no. La regla es la independencia para así tener las manos desatadas para poder reclamarle a quien sea.
-¿En qué otros países de América Latina está Greenpeace y cuál es el peso de su presencia?
-En Chile, en México y en Brasil. En Brasil tenemos treinta y cinco mil socios. En Chile, seis mil. En México, cincuenta mil. En comparación con la población, el número de socios en la Argentina es muy alto.
La mayoría de los socios, ¿cuánto dinero aporta?
-Cuarenta pesos por mes. Además, un millón de personas nos sigue en Facebook. Doscientas cincuenta mil nos siguen por Twitter. El mejor ejemplo del nivel de participación es la campaña que llevó a la aprobación de la ley de bosques. Trabajamos denunciando la desaparición de bosques en el norte argentino a raíz de la expansión de la frontera agropecuaria por el boom de la soja. El proyecto de ley, que ponía un freno a ese avance, se había aprobado en Diputados, pero no había un solo senador dispuesto a votarla. Con la campaña logramos que un millón y medio de argentinos les reclamara a los senadores. El Senado terminó aprobando la ley por unanimidad.
Uno de los debates en torno al movimiento medioambientalista atañe a su grado de efectividad para frenar el cambio climático.
-Quizás el signo más interesante de nuestro trabajo es que hemos logrado que un millón de argentinos trabaje de modo coordinado para conseguir resultados ambientales. En una democracia, ese dato es imposible de ser ignorado por los políticos y en un mercado, por las empresas. Lo que pasó con Ledesma es otro buen ejemplo. Ledesma quería desmontar Sauzalito-Yuto, una superficie de selva de yungas en la provincia de Jujuy, para aumentar la superficie de su plantación de caña de azúcar. Veinte mil argentinos le escribieron pidiéndole que no lo hiciera, y Ledesma suspendió la medida por un año y finalmente, en 2007, se comprometió a preservar ese bosque para siempre.
-La cuestión es cuánto de ese interés creciente de la gente es producto de una transformación compleja de los valores de una sociedad y cuánto es el resultado del movimiento medioambientalista y de las acciones de Greenpeace. En 2004, el gobierno alemán se planteó una reforma a la ley de exención impositiva para ciertas ONG porque dudaba del efecto concreto de sus acciones. Greenpeace era una de las más cuestionadas.
-En los países desarrollados, después del ataque a las Torres Gemelas, se produjo un razonable brote de legislación antiterrorista de la mano del cual vino una restricción muy importante a actividades de activismo social. El recorte de exenciones impositivas para aquellas organizaciones que buscan empujar la raya en términos de derechos consagrados, que resultan más controversiales, cae en ese marco. En Alemania lo que se estaba discutiendo es si una organización que elige violar la ley en pequeñas medidas, con invasión a propiedad privada por ejemplo, para demostrar crímenes ambientales más severos, merece ser tratada por los gobiernos eximiéndola de impuestos.
-¿Cuánto recauda Greenpeace en la Argentina?
-Treinta millones de pesos al año, únicamente por cuotas de los 85.000 socios. Greenpeace, como todas las ONG en la Argentina, está eximida del impuesto a las ganancias.
¿No tiene algún viso de razonabilidad que el Gobierno plantee un diálogo acerca del uso que esa exención impositiva va a tener?
-Creo que son organizaciones que persiguen bienes públicos que no atiende nadie. La vigilancia y el monitoreo del poder político y económico para que no se abusen del medio ambiente es una tarea de la que la sociedad se beneficia. No hay ganancia en una ONG. El ciento por ciento de nuestros ingresos se dedica a preservar bienes comunes.
-¿Cuál ha sido el gobierno que más ha respondido a las cuestiones medioambientales desde que Greenpeace se instaló en la Argentina, en 1987?
-Yo diría que todos fueron muy malos. El desempeño ambiental de los gobiernos argentinos debe ser reprobado. Hay algunos actos aislados que pueden ser destacados. En el año 2005, hicimos una campaña y finalmente, después de bastante presión, el gobierno de Néstor Kirchner decidió generar un sistema de protección dentro de la Administración de Parques Nacionales, la reserva de Pizarro, en Salta. Allí vive una comunidad wichi.
-En relación con el actual gobierno, es un poco desconcertante que se presente como tan progresista en materia de nuevos tipos de derechos adquiridos, pero no sea tan firme en los derechos medioambientales.
-No sólo no es firme. Con el freno a la ley de glaciares, la Presidenta está sacrificando glaciares por minería. La Corte ha levantado las medidas precautorias que impedían inventariar los glaciares, pero no le indica al Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla) cuáles son las zonas prioritarias, que claramente están en San Juan, donde está Veladero y Pascua Lama, las minas de la Barrick Gold. El Ianigla necesita una instrucción del Poder Ejecutivo para empezar a inventariar ahí, pero no la reciben precisamente por la falta de reglamentación del artículo 15. El inventario en toda la Cordillera puede demorar cinco años. Es absolutamente diferente empezar por una provincia patagónica que empezar por San Juan, donde está la zona caliente de la minería.
-En cinco años puede haber cambiado mucho.
-Puede haber cambiado todo. Una mina extrae todo el mineral en entre 15 y 20 años. Si empezamos por el lado equivocado, será demasiado tarde. Acá hay una decisión política. Detrás de todo problema ambiental hay un negocio.
Del Estado y de los privados.
-El Estado es cómplice o mira para otro lado.
Otra cuestión polémica es la minimización de dilemas y paradojas. Se condena a la minería, pero también es cierto que miles de personas viven de eso en las provincias mineras. ¿Cómo pararse frente a estos dilemas?
-La ley de glaciares es una ley de la Nación y hay que cumplirla. Después, debe darse un debate sobre qué tipo de minería, qué tipo de minerales podemos extraer.
-¿Están dispuestos a ese debate?
-Podemos discutirlo, pero donde hay glaciares no puede haber una sola minera operando porque lo prohíbe la ley.
-De acuerdo, pero pensemos que si frenamos toda la producción, impactamos en la gente de otra manera. Ustedes usan Facebook, por ejemplo.
-Sí.
Facebook es cuestionado por Greenpeace por las huellas de carbono. Sin embargo, ustedes no han dejado de usarlo.
-Sí, pero a la vez le reclamamos a Facebook que cambie.
Sin duda le reclaman, pero lo siguen usando. No han sido tan activos en el no uso de Facebook como son en el rechazo total a la caza de ballenas o a la sobrepesca.
-Porque el punto no pasa por cerrar Facebook sino por que Facebook cambie las fuentes de energía que utiliza. Sería un absurdo privar de Facebook a 500 millones de usuarios. Habría una increíble desproporción entre el propósito que se persigue y el recurso que se utiliza.
-La producción de alimentos también plantea dilemas: la soja, que usted mencionó, es un tabú para el movimiento medioambiental. Sin embargo, permite dar de comer a millones y sostiene la economía argentina.
-Sí, pero la soja se está quemando en EE.UU. por la ola de calor derivada del cambio climático. Por eso, la Argentina se beneficia con el aumento del precio de la soja. Por otro lado, el problema es que la soja está asociada con el uso del glifosato, que tiene un efecto negativo comprobado. También se cuestiona el monocultivo: la Argentina convertida en un mar de soja. El cambio climático exige mudarnos a una economía verde que reduzca la huella de carbono de las actividades económicas.
-Estos dilemas que le planteo se dan también en el caso de aquel que paga una cuota apoyando a Greenpeace, pero después usa un celular que necesita litio para funcionar, que viene precisamente de explotaciones mineras cuestionables.
-El caso de celulares es un buen ejemplo. Todos los metales que están en un celular pueden ser provistos sin minería. El simple reciclado de los metales de los productos electrónicos que ya no se usan no solamente daría más empleo sostenible calificado, de mejores salarios, sino que permitiría dejar esa industria contaminante. Lo mismo con el oro, que se puede extraer de los aparatos existentes. No es necesario extraer un solo gramo de oro más. ¿Sabés cuál es el propósito del oro que se extrae?
-¿Joyería?
-Entre el 80 y el 90 por ciento es acumulación de riqueza. No satisface ninguna necesidad.
-Es interesante el ejemplo de los celulares porque deja en claro que Greenpeace concibe una realidad tecnológica, de confort, de progreso, pero al mismo tiempo sostenible.
-El tema es qué es progreso. El planeta no soporta el modo de producción de bienes que tenemos hoy. El problema más serio que enfrenta la humanidad es el cambio climático. En la medida en que no cambiemos el modo de producir, si terminamos superando el límite de los dos grados centígrados del cambio de temperatura respecto de los niveles preindustriales, se va a producir una aceleración del cambio climático. Cuando mueren más de 300.000 personas al año por efecto del cambio climático, no estamos hablando de biodiversidad ni de la rana exótica del Amazonas.
-Entiendo: no son sutilezas. ¿Hay un registro de la huella de carbono en el país?
-La Argentina tiene un nivel de emisiones de carbono per cápita muy alto. La razón es la falta de una política racional de consumo de energía. Con tarifas subsidiadas, no hay ningún incentivo para el ahorro energético.
Esto puede interpretarse como un gran fracaso del movimiento ambientalista, que parece incapaz de influir en aquellos que toman las decisiones, ya sea el poder político o económico, aunque entusiasme a la gente.
-Yo no creo que sea un gran fracaso, creo que hay que seguir trabajando. Greenpeace trabaja hace 41 años en todo el mundo. Hoy, muchas actividades extremadamente dañinas para el medio ambiente han sido suprimidas. Es una pelea larga, eso sí. El hombre ha llevado un modo absolutamente insostenible de producir bienes y servicios y que o lo cambiamos ya o vamos a enfrentar consecuencias gravísimas.
-Leí una declaración del líder de Greenpeace, Kumi Naidoo: «Estamos ganando importantes batallas estratégicas pero estamos perdiendo el planeta», le decía a la revista alemana Der Spiegel en mayo.
-Obviamente, cuando uno describe el cambio climático y ve el fracaso de las reuniones intergubernamentales de Río+20, la conclusión es que los Estados no reaccionan. Se puede cambiar y se debe. Hay que producir eficiencia energética. En la Argentina el transporte de carga se sigue haciendo por camiones en vez de hacerlo con trenes. Ninguna racionalidad permite explicarlo. El mayor productor de equipo de energía eólica en América latina es una empresa argentina, Pescarmona, y aunque hay una ley que exige que para 2016 el 8% de la generación eléctrica sea producida por energías renovables, la Argentina no está haciendo las inversiones que debería.
También hay una responsabilidad individual. Una madre que concientiza a su hijo sobre la importancia del reciclado de botellas, por ejemplo, pero maneja una camioneta que deja una huella de carbono enorme para llevar a un solo chico al colegio, todavía le falta un camino por recorrer.
-En Greenpeace tendemos a poner el acento en la responsabilidad de los Estados.
-Pero a los gobernantes los vota la gente.
-Por ejemplo, en el reciclado de la basura. De qué sirve que el porteño recicle si la administración de Macri no le da la infraestructura y logística necesarias porque no ha cumplido con la ley de basura cero, que lo obligaba a instalar contenedores diferenciados en todas las esquinas y a desarrollar un sistema de recolección de basura diferenciada.
Sirve para lo que ustedes hacen: que la gente tome conciencia y ejerza presión.
-Es cierto, pero si el Estado no organiza.
De acuerdo. Sin embargo a veces parece que para cuidar el medio ambiente, hay acciones cool y hay otras que dan trabajo.
-Por supuesto que hay una responsabilidad individual, pero desde Greenpeace sostenemos que la responsabilidad mayor es de los gobiernos y las empresas. En materia de reciclado de basura, es necesaria una intensa campaña educativa por parte del Estado para que funcione. Hay que producir un cambio cultural.
…………………………………………………………………………………………………………
Mano a mano
Dilemas. Y paradojas. Desde su posición de director de Greenpeace Argentina, el abogado Martín Prieto plantea las posiciones de su organización con certeza total y sin fisuras. Lo suyo es la militancia ambiental. Eso, los dilemas, las paradojas y las contradicciones de una humanidad en piloto automático que vive, trabaja y se alimenta desde hace siglos exprimiendo a la naturaleza, tienden a quedar en sus respuestas a un costado de la mesa de discusión.
A cada duda, Prieto responde consciente de que cada palabra es una oportunidad para la causa de su organización. Prefiere concentrarse en la gravedad del presente afectado por un cambio climático acelerado antes que en reconocer la dificultad de la empresa que viene encarando Greenpeace desde hace cuarenta y un años: eso de frenar el mundo con las manos.
Hace dieciséis años que este abogado de 51 años, especializado en derecho ambiental, trabaja para Greenpeace, esta organización confrontativa y pacifista al mismo tiempo, nacida en 1971 por el ímpetu de un grupo de activistas canadienses y estadounidenses a la vanguardia de las preocupaciones ecológicas.
 
Ni gobiernos, ni corporaciones, ni intereses económicos dictan nuestras acciones. Ayudanos a seguir siendo independientes. Hacé click aquí

 

 



 

Please follow and like us:

2 thoughts on “La Nación: Entrevista a Martín Prieto, Director Ejecutivo de Greenpeace Argentina”

  1. me dirijo a usted para pedirle un favor , no puedo seguir pagando soy jubilada y tengo problemas con el alquiler , por lo tanto quisiera que le dieran de baja a esta cuenta mi numero de socia es 187188 desde ya pido disculpas y por favor me gustaria que se conectaran con Falabella , para que no tenga que pagar este mes tambie desde ya muchas gracias a Usted Martin Prieto y perdone la molestia que le causo

  2. distinguido señor martin prieto el motivo de mi comunicación es con el fin de pedirle una orientación sobre a que entidad me puedo dirigir para presentar un proyecto sobre un sistema integrado de carro de bomberos para apagar incendios forestales sin usar agua, este método ya lo hemos ensayado con exelentes resultados, y deseamos que alguna entidad lo pueda desarrollar de manera masiva, si desea información adicional con gusto se la estare enviando,, estare pendiente y de antemano gracia por su colaboración
    cordial saludo
    eli blanco ochoa
    Bucaramanga colombia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *