Especial “El futuro del planeta” por Rex Weyler *

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La ecología fragmentaria no funciona.

“Los problemas más grandes en el mundo son el resultado de la diferencia entre cómo trabaja la naturaleza y la forma en que piensan las personas”

Gregory Bateson

Pasaron 45 años de la fundación de Greenpeace y del primer encuentro de la ONU sobre medio ambiente en Estocolmo. También pasaron 115 años desde que Steve Arrhenius advirtió que la quema de hidrocarburos calentaría la atmósfera de la Tierra.
Hoy tenemos más grupos medioambientales y menos bosques, más “áreas protegidas” y menos especies, más impuestos al carbón y emisiones de carbón más grandes, más productos “verdes” y menos espacios verdes. Estas fallas no son necesariamente de los activistas ambientales, que han ayudado a disminuir los impactos destructivos de las industrias. Las fallas demuestran que todos nuestros esfuerzos colectivos no son suficiente.
Por ejemplo, encontramos que, después de 1980 -aún con la creación de regulaciones para especies en peligro, parques y áreas protegidas- la cantidad de especies marinas y terrestres ha decaído.
De la misma manera, mientras ganamos un 30% de eficiencia energética en la calefacción de los edificios, duplicamos el promedio de espacio por persona y agregamos más personas. Esto nos da como resultado un 300% más de espacio para calefaccionar.
Las conferencias gubernamentales sobre medio ambiente no cambian nada. Después de 35 años de acuerdos climáticos, tenemos más emisiones de CO2 cada año, no menos. Después de 45 años de prohibiciones sobre arrojar basura en el océano, los océanos son cada vez más tóxicos y más ácidos, no menos.
Parques de papel y falsas esperanzas

“…deja un margen, un santuario, donde algo de la belleza del mundo pueda refugiarse.”

Roman Gary

En julio de 2011, Camilo Mora, de la Universidad de Hawai y Peter Sale, de la Universidad de Ontario publicaron “La pérdida global de biodiversidad en curso y la necesidad de áreas protegidas.”
El reporte muestra que desde 1965 las “Áreas de tierra protegidas” crecieron un 600%. Las marinas crecieron 400%. Sin embargo, en ambos casos, -en la tierra y en el océano- la biodiversidad bajó y el promedio de este declive aumentó. Desde 1974, la diversidad terrestre bajó un 40% y desde 1990, en 20 años, el índice de especies marinas bajó un 21%.
Los autores apoyan la creación de áreas protegidas pero advierten que estas áreas solas no van a parar la caída de la biodiversidad sin la ayuda de otros programas e iniciativas. Mora señala que la mayoría de las áreas protegidas son “parques de papel” solo de nombre porque no están realmente protegidos.
Sale afirma categóricamente: “Las áreas protegidas son una falsa esperanza en términos de prevenir la pérdida de biodiversidad.” Señala que en el acuerdo global de protección de biodiversidad firmado en 2010 en Nagoya Japón se comprometió a preservar el 17% del terreno y el 10% de los océanos. Sale dice que es poco probable que se puedan alcanzar esos números de acuerdo con el crecimiento de la demanda humana de recursos. Además, “aún si esos objetivos se alcanzaran, esto no detendrá la caída de la biodiversidad.”
En los “parques de papel” las plantas y los animales desaparecen en manos de cazadores furtivos, desarrollo y la presión industrial de la deforestación y la minería. Frecuentemente sin una aplicación adecuada, las industrias simplemente ignoran las reglas. De manera similar en la década del 80 los ambientalistas lucharon y ganaron las prohibiciones internacionales en la caza de ballenas y desechos tóxicos pero aún continuamos peleando para fortalecer estas prohibiciones que son ignoradas por los balleneros y las industrias que arrojan desechos en los océanos.
Usualmente, cuando un bosque o un arrecife de coral están protegidos, las zonas aledañas están sobreexplotadas por la industria, rompiendo los lazos naturales del ecosistema. Finalmente este estudio señala que los ecosistemas requieren de una escala apropiada que permita variaciones en la diversidad ecológica, riqueza, abundancia, sinergia y co-dependencia.
Además de Mora y Sale, muchos otros biólogos y ecologistas han advertido que no podemos parar el declive de la biodiversidad sin poner límites al crecimiento de la población humana y su consumo. “Hay una clara y urgente necesidad de soluciones adicionales”, dicen los autores, “particularmente que estabilicen la población de seres humanos y sus demandas ecológicas.”
Ecosistemas

“La parte difícil de cambiar es que bueno…hay que cambiar”

Jon Cooksey

En la práctica, los esfuerzos humanos para proteger y recuperar la salud ecológica de la Tierra se han enfocado en especies, hábitats, o algo que necesite protección, pero han fallado en explicar los orígenes de los sistemas vivos. La ecología de la Tierra no es una colección de cosas. Más bien, la ecología de la Tierra opera como un sistema interconectado que se maneja por interacciones. El sistema permanece siempre dinámico, nunca completamente estable y siempre corrigiendo la inestabilidad de la misma manera que mantenemos el equilibrio en la bicicleta: con movimiento.
Cada subsistema en la naturaleza interactúa con otro. Nada existe solo en la naturaleza. Nada sobrevive solo. Hablamos de “árboles”, “suelo” y “atmósfera” por conveniencia, pero ninguno de ellos existe sin los otros. No existe una división absoluta entre estos elementos del sistema. De hecho, las ciencias biológicas y físicas no describen “cosas”. La ciencia describe las relaciones. “Toda división del mundo en cosas”, advirtió Gregory Bateson, “es arbitraria”.
Hoy, las estrategias ambientales globales revelan esfuerzos aislados y fracasos sistémicos. Como planificadores e implementadores de la sabiduría ecológica, aún no hemos comprendido la complejidad, las reglas, demandas ni mecanismos de retroalimentación de sistemas vivos complejos.
En resumen, el ambientalismo humano todavía no ha comprendido a la ecología de la Tierra como un proceso vivo. La biosfera misma existe anidada en una geosfera y un sistema solar, que generan materiales, energía e información para todos los subsistemas. En lo profundo de la biosfera, comunidades, familias, organismos, órganos y células forman subsistemas más pequeños.
Un ecosistema representa un sistema vivo en el nivel más alto de complejidad que podemos imaginar, y que excede nuestras habilidades descriptivas o predictivas. Un ecosistema no es un objeto: es una red de relaciones, una evolución conjunta de sistemas y subsistemas, unidos entre sí. Cada subsistema extrae materia, energía e información de sistemas más grandes; decodifica datos; toma decisiones; y pasa nueva información, productos y residuos nuevamente a los sistemas más grandes. La naturaleza funciona en continuado. Los ecosistemas no son “gestionados” por una parte en particular, y hasta donde la ciencia humana sabe, ningún ecosistema lo será.
Los ecosistemas desarrollan patrones de relación que llamamos “reglas”, pero que no predeterminan el resultado. Más bien, las reglas del “juego” de la naturaleza crean tendencias y variaciones. Cada subsistema dentro de un ecosistema -desde una célula hasta una sociedad- sigue siendo un proceso co-dependiente, interconectado con otros procesos dinámicos.
Dado que los sistemas de incluyen factores aleatorios -como los juegos de ajedrez o los huracanes- no son totalmente predecibles, incluso conociendo las reglas. Así, y esto es lo que nuestra sociedad necesita comprender, los sistemas evolucionan y las nuevas relaciones casi siempre incluyen consecuencias no deseadas. Cada subsistema -ya se un órgano, cuerpo, o una sociedad- dentro de un ecosistema co-crea una compleja red de procesos con sus subsistemas vecinos. La naturaleza es una red de relaciones que nuestros esfuerzos ecológicos necesitan reconocer y proteger.
Una de las fortalezas de la especie humana es nuestra aguda capacidad de aprendizaje. Nuestra sociedad parece sumida en la negación, pero podemos aprender de nuestros errores ecológicos. Nuestras “soluciones” a los retos de la ecología en un planeta atestado no han tenido éxito. “Estamos ganando muchas batallas”, dijo Kumi Naidoo, ex Director Ejecutivo de Greenpeace, en el 40 aniversario de la organización, “pero todavía estamos perdiendo la guerra”. Lamentablemente, esto es cierto. Cada día nuestro planeta es más pobre, con menos bosques, menos especies, menos agua dulce y tierra arable, y más desiertos, más toxinas y más CO2 en la atmósfera. Para invertir esto, necesitamos aprender acerca de los sistemas en los que vivimos.
Una campaña publicitaria reciente llevada a cabo por IBM imagina innovaciones para crear “un planeta más inteligente”. Pero la naturaleza tiene noticias para IBM: el planeta ya es mucho más inteligente que cualquier ingeniero. No podemos controlar a la naturaleza. Más bien, necesitamos aprender cómo la naturaleza resuelve dilemas y sortea desequilibrios.
Para las especies no humanas, el mayor problema ambiental en la Tierra es la humanidad. Si no cambiamos nuestros modos, de manera seria y profunda, eventualmente la naturaleza nos dejará atrás y continuará su camino sin nosotros.

 
*Rex Weyler fue el director de la Fundación Greenpeace, editor del primer newsletter de la organización y co-fundador de Greenpeace Internacional en 1979. En este especial Weyler reflexiona sobre el ambientalismo, el pasado, el presente y el futuro del planeta.
 
No te pierdas la entrega anterior de este especial. Leé: ¿Dónde encontrar esperanza?

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5 thoughts on “Naturaleza: un sistema de sistemas”

  1. Me gusta mucho el artículo, cómo analiza y la perspectiva que tiene. Somos un conjuto, y la naturaleza también, debemos dejar de analizar todo por partes, como cosas.
    Esperemos que la naturaleza nos deje atrás y continúe su camino sin nosotros, en lugar de que nosotros terminemos por destruirla y destruirnos.

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