Hace un mes, Greenpeace lanzó la campaña mundial “Desafío Contra la Contaminación”, reclamando a las marcas Nike y Adidas que trabajen junto a sus proveedores para eliminar todas las sustancias tóxicas de su cadena de suministro y de sus productos para evitar la contaminación de los ríos más importantes de China.

La campaña tuvo un gran eco en el público, y mientras esperamos una respuesta por parte de estas empresas, seguimos apostando a que asuman un compromiso para eliminar estos químicos nocivos de sus procesos de producción.


A continuación publicamos un artículo redactado por el Dr. Kevin Stairs, Director de Políticas de Químicos de Greenpeace para la Unión Europea. Kevin es licenciado en ciencias y doctorado en leyes. Entre 1988 y 2007 dirigió la delegación de negociaciones internacionales de tóxicos, incluyendo la Convención de Estocolmo:

“Cuando leo informes de científicos en Canadá y Noruega que hablan sobre la liberación de químicos tóxicos prohibidos en el océano Ártico, mi desesperación inicial es difícil de sobrellevar con tantas noticias malas acumulándose. Sin embargo, aún con este panorama oscuro desarrollándose en una de las regiones más puras – créase o no – hay algunos rayos de sol en el futuro.

“Y no, no soy un ambientalista ingenuo o un optimista desinformado; de hecho, trabajo en la campaña de Greenpeace para eliminar los químicos tóxicos desde los ’80. Conozco muy bien los problemas a los que nos enfrentamos, y también vi cómo el sentido común y la responsabilidad pueden prevalecer.

“Como parte de la campaña que consiguió el acta redactada en la Convención de Estocolmo – una prohibición mundial en la producción y el uso de químicos tóxicos persistentes que se acumulan en el medioambiente y en la cadena alimenticia hasta llegar a nuestro cuerpo – fui testigo de las posibilidades de cambio.
“Sin embargo, muchos de los químicos que se están liberando en los mares árticos – dixoinas, lindano, PCBs y otros – se fabricaron y se usaron originalmente antes de que este tratado estuviera se pusiera en efecto en 2004. Las corrientes atmosféricas los llevaron al ártico, donde gran parte de esta contaminación quedó atrapada en los hielos, a miles de kilómetros de su origen. Estas sustancias nocivas han perdurado y no se descomponen fácilmente en la naturaleza.

Foto: Un representante de Suecia se dispone a firmar un tratado para eliminar los Contaminantes Orgánicos Persistentes en el Convenio de Estocolmo, Suecia, 2001


“Entonces podríamos preguntarnos dónde están estos rayos de esperanza para el medioambiente que está siendo afectado por la liberación de estos químicos que deberían haber sido controlados por un tratado de las Naciones Unidas…
“Bueno, creo que hay dos motivos para ser optimistas. En primer lugar, recordemos que todavía hay lugar para un acuerdo internacional sobre estos temas urgentes, incluso en asuntos a los que se oponen las industrias y algunos gobiernos.
“Muchos de los químicos prohibidos o restringidos por la Convención de Estocolmo salieron a la luz por primera vez en el innovador libro de Rachel Carson Silent Spring (Primavera Silenciosa, 1963). El escepticismo inicial se transformó en consenso generalizado entre el público y la comunidad científica que los gobiernos no pudieron negar.
“A pesar de la tremenda presión y lobby por parte de la industria – incluyendo la tergiversación de verdades científicas y la amenaza tan popularizada de las catástrofes económicas – los gobiernos eventualmente se comprometieron a proteger a las personas y al planeta. Las corporaciones tuvieron que asumir esos cambios y luego se mejoraron las reglamentaciones en Europa y Norteamérica. Creo que ese es un buen precedente para las negociaciones internacionales en vista a la prevención del cambio climático.
“En segundo lugar, encuentro una gran esperanza en el poder de las corporaciones para implementar rápidamente ciertos cambios en respuesta a la opinión pública. En respuesta a un público que espera acciones en este frente, muchas de las grandes corporaciones del mundo ahora asumieron compromisos públicos para tener una “producción limpia” y un creciente número de empresas están adoptando políticas para eliminar de a poco sustancias tóxicas a través de la sustitución.
“Sin embargo, tienen que ser responsables de sus acciones y debemos exigirles más. No es aceptable adoptar cierto discurso y seguir contaminando. En particular, no pueden producir en el Sur usando químicos que no se permiten en países más desarrollados.
“Greenpeace está ahora realizando una campaña para que estas empresas se hagan responsables y dejen de contaminar las aguas del hemisferio Sur con venenos que no podrían verter en Europa o Norteamérica.
“En este momento, el foco está puesto en grandes empresas de indumentaria deportiva. Lo que esperamos de estas empresas es que eliminen por completo los químicos nocivos de sus procesos de producción. Para eso, tendrán que crear un plan de acción y asumir el compromiso de una total transparencia, para que sus clientes puedan ver que está cumpliendo con lo prometido. Sabemos que las exigencias son duras, pero si las marcas de indumentaria deportiva no están a la altura, ¿quién lo está?
“Y, la semana pasada, ¡aceptaron el desafío! Puma – una empresa que combina la ropa de vestir informal con la indumentaria deportiva – se convirtió en la primera de estas grandes marcas en aceptar el desafío. Con un cronograma firme, Puma declaró sus intenciones de eliminar por completo los químicos nocivos de sus procesos de producción. Queda mucho por hacer todavía, pero Greenpeace aplaude este compromiso.
«Lo fantástico de este cambio es su velocidad. La campaña de contra la contaminación de Greenpeace se lanzó el 13 de julio y Puma demostró que los cambios importantes y necesarios no tienen que esperar, asumiendo públicamente su compromiso en menos de dos semanas.
“Cada día que las empresas siguen vertiendo químicos tóxicos, éstos se siguen acumulando en el medioambiente.
“Las corporaciones pueden cambiar muy rápidamente. Ahora todos los ojos están puestos en los dos fabricantes de indumentaria deportiva más grandes del mundo – Nike y Adidas – para desintoxicar nuestras aguas. Para ponerlo en sus términos, si nade es imposible (impossible is nothing) sólo háganlo! (Just do it!) .”






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One thought on “Nike y Adidas: Hay motivos para ser optimistas en el desafío contra la contaminación”

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