Luego de que la Policía Montada canadiense elaborara un informe sobre el “creciente movimiento anti-petróleo” en ese país y catalogara a cualquier persona preocupada por el cambio climático como un potencial “extremista anti-petróleo”, muchos comenzamos a preocuparnos por un inminente recorte de las libertades de protesta. Keith Stewart, integrante de la campaña de clima y energía de Greenpeace Canadá, nos cuenta todo sobre esta situación alarmante para la libertad de expresión y la defensa de nuestro medioambiente:
Por Keith Stewart
Cuando supe que la Policía Montada de Canadá realizó en enero de 2014 un informe sobre lo que ellos llamaron el «creciente, altamente organizado y bien financiado movimiento anti-petróleo canadiense» (filtrado en el diario francés LaPresse), mi primera reacción fue reírme por lo ridículo que sonaba.
Según el diario” The Globe and Mail”, el informe utiliza un “lenguaje altamente cargado que refleja el grado de hostilidad del gobierno hacia los activistas ambientales”. La investigación parece un intento desesperado de la agencia burocrática por presentar un caso a sus líderes políticos y conseguir mayor presupuesto.
Pero luego pensé en el nuevo proyecto de ley contra el terrorismo, entonces comprendí la gravedad de la situación.
El informe fue preparado como una «Evaluación Crítica sobre la Infraestructura de Inteligencia». En este sentido, la ley anti-terrorismo propuesta incluye la figura de «interferencia contra la infraestructura crítica» como una de las causas que constituye la definición de una «actividad que debilita la seguridad de Canadá».  Por lo tanto, lo que busca el documento elaborado por la Policía Montada es definir a quienes deberá perseguir el  Servicio de Inteligencia de Seguridad canadiense (CSIS).
Lo grave del asunto es que este informe cataloga a cualquiera que se preocupe por el cambio climático como un potencial (si no real, ya que la definición no es muy clara) «extremista anti-petróleo” que busca fomentar su «ideología anti-petrolera». Paul Champ, abogado que trabaja para la Asociación por las Libertades Civiles en British Columbia en un caso vinculado a espionaje contra ecologistas, dijo al diario The Globe: «Este tipo de casos que involucra a grupos ecologistas – o grupos anti-petróleo tal como prefiere encuadrarlos la Policía Montada de Canadá – son realmente difíciles en relación a la ley anti-terrorismo propuesta. Junto a otras organizaciones tenemos preocupaciones reales, ya que la ley no sólo tendrá como objetivo perseguir a terroristas involucrados en actividades criminales, sino también a personas que se manifiesten contra diferentes políticas del gobierno canadiense».
Lo más bizarro es que el informe trata al cambio climático como una broma perpetrada por grupos ecologistas (los temidos “extremistas anti petróleo”). Según el documento «ONG’s como Greenpeace, Tides Canada y Sierra Club Canada, por nombrar algunas, reafirman que el cambio climático es hoy por hoy la amenaza global más grave, y es consecuencia directa de las elevadas emisiones de gases antropogénicos de efecto invernadero, los cuales, ellos creen, están directamente conectados con el uso contínuo de combustibles fósiles … Los estudios y análisis realizados en apoyo a investigaciones penales de la Policía Montada de Canadá muestran que los involucrados en el movimiento anti-petróleo canadiense tienen particular interés en atraer la atención del público y obtener reconocimiento gracias a la amenaza ambiental que perciben como proveniente del uso continuo de combustibles fósiles. La difusión de estas preocupaciones ha llevado a una significativa, y a menudo negativa, cobertura mediática en torno a la industria petrolera canadiense. El uso de redes sociales, incluyendo transmisiones de video en vivo, provee al movimiento anti-petróleo de la capacidad para eludir las cadenas de noticias tradicionales, buscando  controlar y trabajar su mensaje, para promover una versión unilateral de los acontecimientos reales, construyendo una amplia base de oposición anti-petróleo».
Esta postura se contrapone a la situación en Estados Unidos,  dónde el Presidente Obama  define el cambio climático como una amenaza a la seguridad nacional que afecta a más personas que el terrorismo. Así lo publica el portal “The Hill”:
La Casa Blanca sigue fiel a la decisión que adoptó el martes de incluir los impactos del cambio climático en su estrategia de seguridad nacional dada a conocer la semana pasada. Cuando se preguntó si el Presidente Obama creía que el cambio climático es una amenaza aún más grande que el terrorismo, el vocero de la Casa Blanca, Josh Earnest, se atajó y sostuvo: “El punto al que el presidente se refiere es que hay muchas más personas que tienen que confrontar el impacto directo del cambio climático o de la propagación de una enfermedad en sus vidas antes que el terrorismo».
Los comentarios de Earnest se produjeron luego de que Obama dijera en una entrevista con Vox.com que los medios de comunicación exageran «absolutamente»  el nivel de alarma que las personas deberían tener frente al terrorismo, comparado con el cambio climático y las enfermedades…
La Casa Blanca sitúa al cambio climático como una amenaza a la par del terrorismo, las armas de destrucción masiva y las enfermedades en su estrategia de seguridad nacional, dada a conocer la semana pasada. 
«El cambio climático es una amenaza urgente y en aumento para nuestra seguridad nacional, que fomenta crecientes desastres naturales, movimiento de refugiados y conflictos sobre recursos básicos como alimentos o agua», manifestó la Casa Blanca en su documento estratégico de 35 páginas.
Así que en los Estados Unidos, el cambio climático es una amenaza para la seguridad nacional, mientras que en la Canadá de Stephen Harper la amenaza son los activistas…
Esto es parte del plan de gobierno de Harper. En el año 2012, el Ministro de Recursos Naturales, Joe Oliver, escribió una carta abierta que decía: «Desafortunadamente, existen grupos ambientalistas y de otra índole que podrían buscar obstaculizar cualquier oportunidad de diversificar nuestra industria. Su objetivo es detener todo  proyecto relevante  sin importar el costo para las familias canadienses, a pesar de la pérdida de empleos y el decrecimiento económico. Sin deforestación. Sin minería. Sin petróleo. Sin gas. Sin presas hidroeléctricas. Estos grupos amenazan con secuestrar nuestro sistema regulador para imponer su agenda ideológica radical.»
Como no podía ser menos,  el entonces Ministro de Medio Ambiente Peter Kent, catalogó a las protestas contra la expansión de las arenas bituminosas como una traición y dijo que ciertas acciones a favor del medio ambiente eran en realidad «lavado de dinero».  Una acusación que provocó una fuerte respuesta por parte del grupo Umbrella, que representa a organizaciones benéficas canadienses, exigiendo que el Ministro presentara pruebas o se retractase.
A pesar de los recortes en otros sectores, el gobierno federal consiguió 8 millones de dólares extra en el año 2012 para que la Agencia de Ingresos de Canadá auditase a los grupos ecologistas en lo que el diario The Globe and Mail llamó una “cacería de brujas”, dirigida a grupos opositores a la instalación de nuevos gasoductos de arenas bituminosas.
Sin embargo, estas fueron en su mayoría sólo palabras (y auditorías). Lo realmente alarmante sobre el informe de la Policía Montada canadiense es que cuando se combina con el proyecto de ley antiterrorismo, sienta las bases para permitir todo tipo de vigilancia por parte del Estado.
El documento de la Policía Montada de Canadá identifica a acciones pacíficas, por ejemplo las sentadas, como amenazas para la seguridad nacional: «Aquéllos dentro del movimiento que deseen ir más allá de las acciones pacíficas, empleen tácticas de acción directa, tales como desobediencia civil, protestas ilegales, vandalismo y sabotaje».
El proyecto de ley contra el terrorismo tiene una exención para la protesta y la disidencia legítima.  Sin embargo, hay muchas formas de protesta que no son estrictamente legales,  como una manifestación que no recibe los permisos correspondientes, huelgas, sentadas o bloqueos. Ya existen leyes para encarar este tipo de acciones, por lo que emprender o apoyar esas protestas no debería ser catalogado como un acto de terrorismo, tampoco debería posibilitar el tipo de vigilancia e interferencia contenida en el proyecto anti-terrorismo propuesto.
De hecho, en realidad ni siquiera sería necesario organizar una manifestación o sentada para recibir una represalia, ya que bajo esta legislación, el CSIS simplemente tiene que sospechar que las personas harían algo que interfiera con la infraestructura crítica para poner en práctica sus nuevos trucos, lo cual es escalofriante.
Y ese debe ser el efecto que desean conseguir…
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2 thoughts on “Preocuparse por el clima no es un delito en Canadá…todavía”

  1. Porq cuesta tanto q paises q se creen mas adelantados q nosotros, menosprecie al cambio climatico o habra segundas intenciones.Q dificil se hace pelear para obtener una verdad q Dios proteja a nuestros activistas.

  2. ME PARECE INCREÍBLE QUE PUEDA HABER PERSONAS EN ESTE PLANETA QUE ESTÉN EN CONTRA DE SU PROPIA VIDA Y LA DE SUS DESCENDIENTES……DE QUÉ LES SERVIRÁ LOS DIVIDENDOS QUE PUEDAN OBTENER???????REALMENTE NO ENTIENDO…..DIOS LES RE BENDIGA A TODOS LOS MIEMBROS DE GREENPEACE!!!!!!!!!!GRACIAS GENTE!!!!!!!!

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