Foto: Ruben Digilio (click para aumentar)

El domingo pasado la revista «Viva» de Clarín publicó una nota llamada «El planeta en alerta amarillo» en la que podemos leer una excelente entrevista al Director Ecejutivo de Greenpeace Internacional, Kumi Naidoo. En la nota con la periodista Marina Aizen, Naidoo cuenta desde Madrid cuáles son las batallas ambientales más urgentes de la organización, cuál es el papel de los estados en la resolución de las mismas y habla del lugar de Argentina en la agenda de la organización. Los invitamos a leerla:
«El nombre de Kumi Naidoo tal vez sea difícil de identificar y hasta de pronunciar sin equivocarse, pero la organización que lidera, Greenpeace, resulta tan reconocible a nivel mundial como el logo de una marca de jeans.
Sudafricano, nacido hace 47 años en un gueto de Durban, sus orígenes políticos no tienen que ver con la lucha ambiental, a la que confiesa miraba con cierta distancia (y acaso desdén), sino con la pelea contra el apartheid, que le hizo ganar un lugar en el exilio en la adolescencia. Pero con el tiempo los temas sociales y ecológicos fueron encolumnándose en el mismo lugar de la agenda, y este tipo de risa fácil y mirada aguda devino en lo que es hoy, un militante del siglo XXI. «¿Sos una sandía?», le preguntaron hace poco, y él soltó una carcajada antes de inquirir sobre el por qué de tal descripción. «Porque sos verde por fuera pero rojo por dentro», le respondieron. Y algo de eso debe ser cierto.
Como orador entrenado en varias trincheras, Kumi es capaz de mover el hilo de las emociones cuando improvisa un discurso. Rodeado de jóvenes en chancletas y con el pelo a lo rasta en la enorme oficina de Greenpeace en Madrid, él se animó a soltar la pregunta más filosa de su lengua. «¿Estamos ganando o estamos perdiendo?», preguntó, y ninguno de los que lo escuchaban se animó a decir ni una cosa ni la otra.
«Estamos ganando importantes batallas, pero perdiendo la guerra«, respondió, quebrando el incómodo silencio. Entonces, dijo que las emisiones de gases de efecto invernadero pueden alcanzar su pico en 2015; más allá, la temperatura aumentaría a un ritmo catastrófico. Esto es casi mañana. Por eso, Kumi ahora no habla de revolución social sino de revolución energética, y esto no es tirar buenas ondas y hacer el signo de la paz, sino emprender un cambio radical: dejar los combustibles fósiles y vivir de las energías limpias. Suena sencillo, lógico, pero la lucha de poder político y económico que hay detrás de este cambio de paradigma es enorme. Y por eso es difícil.
Hoy por hoy, Greenpeace tiene en todo el mundo tres millones de personas que aportan dinero a la organización (en la Argentina, son 85.000 los aportantes) y oficinas en 29 países. Pero cuatro décadas atrás, cuando se gestó el grupo, la actual multinacional verde era apenas un puñado de militantes horrorizados por la carrera armamentística de la Guerra Fría, gente pacifista y bienintencionada que vivía en Vancouver, Canadá.
Cuarenta años después, luego de una serie de acciones rimbombantes en todo el planeta (ver recuadro), conviene recordar que la idea de realizar una denuncia haciéndose presente pacíficamente en un lugar viene de la religión quákera, a la que se convirtieron los pioneros de la organización, que eran de origen judío.
Pero también abreva en otras tradiciones de desobediencia civil, según nos cuenta Kumi: en Gandhi, Martin Luther King, Rosa Parks, Mandela…Tendrían que incluir en la lista a León Tolstoi, que era pacifista y conservacionista antes que nadie.
En todo caso, las acciones de Greenpeace suelen ser más osadas que las de otras ONGs, casi hasta propagandísticas. Un día, sus militantes se pueden subir al Obelisco para colgar un cartel; otro día, al puente de La Boca… y así.
A nivel internacional, hoy están tratando de impedir con sus propios barcos la prospección petrolera en el Artico. «Nuestros activistas están dispuestos a arriesgar sus vidas e ir a prisión si es necesario», dice el dirigente, quien justamente fue detenido el viernes 17 de junio en Groenlandia, cuando escalaba una plataforma petrolífera de Cairn Energy en señal de protesta contra las perforaciones en aguas profundas. El hombre ni se mosqueó por ir a un calabozo de la marina danesa: Kumi ya estuvo preso antes y sabe lo que es ser perseguido, vivir en el exilio o emprender huelgas de hambre.
Hay algo de contrasentido en esto de tener una entrevista con él a tantos kilómetros de la Argentina. La huella ecológica que dejamos en el camino el CO que emitimos para llegar a estar frente a frente es elevadísima, porque para contaminar nada mejor que el avión. Pensar que veinte años atrás, mientras se negociaba lo que fue la Cumbre de Río el puntapié inicial del discurso ambiental actual , las propias ONGs se mofaban de sí mismas en los pasillos de la ONU por todo lo que contaminaban volando. Hoy tenemos Skype y eso ahorra tanto dinero como emisiones de CO , pero así y todo Kumi dice que prefiere que charlemos cara a cara para «tratar de contar una historia sobre lo que está pasando… antes de que vuele en avión cualquier CEO, que andan todo el tiempo en sus jets privados y no piensan en nada». Y luego agrega: «Los medios tiene uno de los papeles más críticos para educar al público global sobre la urgencia de la situación en la que nos encontramos». Bueno, aquí estamos.
Conversemos entonces… Greenpeace no se ocupa de cuestiones cotidianas. Sólo se enfoca en campañas grandes. ¿Por qué?


Una de las contribuciones más importantes que ha hecho Greenpeace en estos cuarenta años es la forma en que ha conducido sus campañas, aumentando la preocupación de la cuestión ambiental. Así, creó un espacio para la emergencia de todo otro espectro de actores ecologistas. Pensamos que es bueno que haya más ONGs ambientalistas, porque eso nos hace más fuertes y nos da mejores posibilidades de éxito. Nosotros tenemos medios únicos, como barcos, lo que nos permite concentrarnos en grandes campañas. Una de las cosas que me atrajeron de Greenpeace es que es capaz de cambiar el curso del debate de una manera positiva y no todas las ONGs son capaces de trabajar sobre un tema grande hasta estar cerca de la victoria.
¿Se imagina una gran plaza de indignados por el medio ambiente a nivel global?
Si no lo conseguimos, es improbable que nuestros gobiernos se muevan con la urgencia necesaria.
¿Y a quién hay que convencer primero: a los Estados Unidos o a países en desarrollo, como China?
No tenemos ya la posibilidad de decidir quién viene primero y quién viene después. Tenemos que trabajar todos al mismo tiempo. Ciertamente, los Estados Unidos tienen que reaccionar pronto: tienen el 4% de la población mundial y son responsables de 25% de las emisiones. Su deuda ambiental es históricamente más alta. Del lado de los países en vía de desarrollo, tienen especial responsabilidad Brasil, India, China, Sudáfrica e Indonesia…
Hablemos de Brasil. Allí se alude al tema del Amazonas como una cuestión de soberanía. Pero a la vez es una cuestión global. ¿Cómo conciliar esas dos visiones?
Creo que tenemos que encontrar el equilibrio justo. Después de la caída del Muro de Berlín, Fukuyama planteó el fin del estado nacional. No creo que eso sea verdad. Pero, por otro lado, no podemos encarar temas como el agua, los bosques, los océanos, la calidad del aire, sólo desde el punto de vista nacional. La gran pregunta para mí sobre Brasil, China, Sudáfrica o la India es si ahora, cuando tienen serio potencial de crecimiento porque tienen mercados internos grandes, tratan de ser como Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá, y al hacerlo, sólo copian su mal comportamiento.
A nadie se le ocurre decirles a los europeos que dejen sus tierras cultivables y replanten bosques. Pero les pedimos a los brasileños que no toquen el Amazonas…
Es del interés de cualquier país proteger su capital natural. En el largo plazo, va a ser su mejor inversión. Se ha destruido tanta biodiversidad que no la vamos a recuperar. Los países que la protejan van a estar haciendo la mejor inversión. Por otro lado, 60 VIVA Greenpeace no se opone al uso sostenible y responsable de los bosques. No estamos contra el aceite de palma porque sí. O en contra de la soja porque sí. Estamos en contra de las formas insostenibles de cultivar que provocan deforestación.
¿El problema del medio ambiente es el capitalismo?
El problema es el modelo de crecimiento, que está quebrado. Si todos vamos a tener el estilo de vida que disfrutan la gente de los países desarrollados y las elites de los países en desarrollo, necesitaríamos al menos otros cinco planetas. La noción de progreso humano ha sido distorsionada por el sistema capitalista, y está dirigida por el exceso de consumo. Mirá lo que pasó después del 11-S y tras la crisis fi nanciera de 2008 en los Estados Unidos. La clase política pidió más dinero. Y dijo «gasten, gasten», cuando sabemos que el problema en los Estados Unidos es el exceso de consumo.
Se creía que Obama iba a ser un presidente verde…
Obama está muy constreñido por la realidad política del Congreso, pero su política exterior es como la de Bush en versión light. Y a la vez no usó nada de su capital político para cambiar el tono del debate sobre el cambio climático, cuando hubiera podido hacerlo.
Para los Estados Unidos sigue siendo prioridad la lucha antiterrorista y no el tema ambiental…
La lucha contra el terrorismo está tan intrínsecamente conectada con la cuestión del petróleo y la energía… Seamos claros: antes del 11-S, los talibanes estaban en Texas haciendo negocios con los petroleros sobre gasoductos. Cuando hablábamos de los derechos de las mujeres, y pedíamos que aislaran a los talibanes, a los Estados Unidos les importaba un carajo, ¿verdad? Y cuando fue oportuno, hubo de repente un surgimiento de la preocupación por las mujeres afganas.
En estos años, ¿Greenpeace influyó en los debates globales?
En cada ley ambiental, Greenpeace estuvo detrás, ya sea iniciando el debate o cristalizándolo. Contribuímos a que el tema ambiental se convierta en una cosa de todos los días.
¿Y qué lugar ocupa la Argentina en la agenda de la organización?
Un lugar muy especial. La oficina argentina es muy innovadora en término de ideas. Pero hay cuestiones muy importantes en el país para resolver: se perdió el 70% de los bosques nativos y aún se sigue deforestando. Los argentinos tienen que defender lo que queda de bosque. Y está la situación del Riachuelo, que es una catástrofe. Está al alcance de la mano de la clase política arreglar esa situación y sacar a la gente de la situación indigna. Argentina sí puede colocarse en el lado justo de la historia.





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2 thoughts on “Revista Viva: Entrevista al Director de Greenpeace Internacional, Kumi Naidoo”

  1. Apareció una ballena en la costa de Punta Alta
    Una ballena del tipo «jorobada» apareció varada en la costa de Baterías, a la altura de Punta Tejada, según informa el sitio informativo El Rosalenio.com.
    El cetáceo -que pesaría más de 30 toneladas- se encuentra «debilitado» sobre la arena a la espera de que las autoridades resuelvan sobre su suerte. Para ello se convocaría a la Prefectura y la Armada para que aporten la infraestructura necesaria para movilizar al animal.
    «Hay que evaluar bien que se va a hacer, porque si la ballena salió hasta la costa para morir no tiene sentido volver a meterla a mar», indicó a El Rosalenio uno de los cuidadores de la Reserva Natural.
    La ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) es uno de los rorcuales más grandes, los adultos tienen una longitud de 12 a 16 m y un peso aproximado de 36 000 kg. La especie posee una forma corporal distintiva, con aletas pectorales largas y cabeza nudosa.

  2. hola me llamo isa y queris saber si a travez de esta páguina puedo denunciar a un cierco que llego a nuestra localidad…tienen varios leones y un tigre encerrados…..gracias por su tiempo ..espero su respuesta

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