Esta tarde, en Buenos Aires, el Comité Olímpico Internacional eligió Tokio, la capital japonesa, como sede de los Juegos Olímpicos de 2020. Al mismo tiempo, en Japón, los trabajadores de la empresa a cargo de la colapsada planta nuclear de Fukushima, TEPCO, siguen intentando contener las filtraciones de agua radiactiva, que desde hace semanas están fuera de control.

En su gira para promocionar la capital japonesa como sede olímpica, el premier ministro, Shinzo Abe, minimizó la situación de Fukushima y declaró que el desastre nuclear “nunca tuvo ni tendrá impacto sobre Tokio” y que “la situación está bajo control”. Sin embargo, a dos años y medio del terremoto y el tsunami que dispararon la crisis atómica en Japón, el país no puede detener los impactos de la planta nuclear que ya perdió más de 300 toneladas de agua radiactiva, lo que llevó a que la autoridad regulatoria nuclear japonesa catalogue esta situación como nivel 3, en la escala INES de sucesos nucleares, un incidente de gravedad. Además, ya en marzo de 2011 cuando colapsó la central, Tokio (a 275 kilómetros de Fukushima) desarrolló un plan de evacuación para sus 33 millones de habitantes ya que de acuerdo a la dirección e intensidad del viento la ciudad podría haber sido gravemente contaminada por la radiación de Fukushima.
Los tanques y sótanos de los reactores afectados almacenan 300.000 metros cúbicos de agua radiactiva, el equivalente a 132 piletas olímpicas. El peligro es muy grande y la situación aún es grave. El gobierno japonés debe tomar medidas de emergencia para detener el desastre. Ya comprometió el desembolso de 400 millones de dólares provenientes de fondos públicos para frenar las filtraciones de agua radiactiva. El pueblo japonés no sólo sufre las consecuencias del desastre nuclear, sino que además está pagando de su bolsillo el costo de los impactos. Las empresas que ganaron dinero construyendo Fukushima, General Electric, Toshiba, Hitachi, siguen sin pagar un centavo.
El primer ministro Abe debe volver a Japón y hacerse cargo de la situación en Fukushima en lugar de minimizar los impactos de la energía atomica en sus giras globales para promocionar a Tokio como sede olímpica. Debe poner a los ciudadanos japoneses en primer lugar y no los intereses de la industria nuclear.
Sólo uno de los 54 reactores japoneses que generaban electricidad antes de Fukushima y el país no sufre apagones ni faltantes de energía. Japón y el mundo pueden comenzar la transición y abandonar definitivamente la energía atómica. Esta tecnología es muy cara, peligrosa y, además, marginal en la matriz energética global. Es posible abandonar el sendero nuclear. Para eso es necesario que sus impactos no se mantengan ocultos a la opinión pública y que los planes energéticos sean debatidos con transparencia. Si esto ocurre, la coherencia y razonabilidad económica, ambiental y los estándares de seguridad, dejarán a la nuclear definitivamente fuera de carrera, abriendo la puerta a un siglo XXI liderado por las energías renovables, limpias y seguras.
Mauro Fernández | Campaña de Clima y Energía | Greenpeace en Argentina
Contacto @mnfernandez

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