En estos momentos Shell está enviando dos plataformas petroleras hacia la costa ártica de Alaska para realizar perforaciones en busca de petróleo. Seis compañeros están viajando justo detrás de una de ellas, la «Polar Pioneer», a bordo de nuestro barco Esperanza para exponer este peligroso plan y defender esta frágil región de un posible derrame de consecuencias irreparables. Podés seguir todas las novedades en vivo haciendo click aquí . Compartimos a continuación la octava entrega de sus diarios de viaje, donde nos cuentan sus experiencias y sensaciones en primera persona:
Por Miriam Friedrich, a bordo del Esperanza
31 de marzo: La plataforma Polar Pioneer se dirige hacia el norte. Su buque de transporte, el Blue Marlin, cambió su curso esta mañana, mientras nuestro barco Esperanza lo sigue a paso firme. Girar hacia la izquierda puede no ser lo más divertido del mundo, pero para nosotros, que estamos a bordo hace varios días, cualquier cambio de curso es interesante porque nunca estamos seguros sobre la ruta que deberemos tomar. El Blue Marlin sólo realizó una modificación en su rumbo desde que ingresó en el Pacífico. Ahora, en vez de movernos hacia adelante y hacia atrás, estamos yendo de lado a lado. Cuando estás en medio del Océano Pacífico, es un gran cambio. Me encanta el balanceo del barco y creo que es lo que más extrañaré cuando esté en tierra firme.
Desde que embarqué para participar de esta travesía, mantuve muchas conversaciones sobre cambio climático, perforaciones petroleras en el Ártico y los motivos por los que emprendimos este viaje alrededor del mundo. Incluso debatí con gente con la que no estoy de acuerdo. Ha sido una gran experiencia de aprendizaje personal.
Hoy leí una nota donde Richard Branson, propietario de la reconocida empresa Virgin, expresa su oposición a la extracción de petróleo en el Ártico y subraya la necesidad urgente de proteger la región. Una postura totalmente opuesta a la adoptada por Shell y su desesperación por explotar el derretimiento del hielo ártico. Me gustó particularmente la siguiente afirmación de Branson: “No le fallemos al Ártico. Digámosle no a las perforaciones. Controlemos nuestras emisiones…Sin reservas, las consecuencias serán profundas y el efecto dominó no tendrá precedentes”.
Anoche desperté en mi cama y, a través de la ventana, pude ver dos luces rojas en la oscuridad, como si los ojos de un monstruo gigante estuvieran observándome. Eran las luces de navegación del Polar Pioneer. En ese momento, no pude evitar pensar sobre los motivos que me trajeron hasta aquí. No quiero que una plataforma de perforación, como la que estamos siguiendo, se instale en el Ártico. No quiero leer en el futuro acerca de un desastre petrolero en aguas árticas. Quiero que tengamos la oportunidad de mitigar los efectos del cambio climático, algo imposible si se abre la posibilidad de producir petróleo en el Ártico. En ese caso, la frase no es: “no le fallemos al Ártico”, sino: “no podemos fallarle al Ártico”. Y no lo haremos.
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