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30 años pasaron de la catástrofe nuclear en Chernobyl. Sin embargo, sus secuelas siguen vigentes y las nuevas generaciones aún sufren los errores del pasado. Andrey Allakhverdov, integrante del equipo de prensa de Greenpeace Europa, visitó el centro de rehabilitación Nadeshda, destinado al cuidado de los niños que viven bajo la constante amenaza de la contaminación radioactiva. A continuación, Andrey te cuenta su experiencia en el lugar y te explica por qué es importante decirle NO a la energía nuclear:
Por Andrey Allakhverdov:
La palabra “nadeshda” significa “esperanza” en ruso. El centro de rehabilitación Nadeshda fue creado, justamente, para dar esperanza a los niños que viven en las ciudades y pueblos contaminados por el desastre nuclear de Chernobyl.
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A miles de niños a lo largo de Bielorrusia les robaron una niñez sana. Sus alimentos y lugares de juego están contaminados y su salud, debilitada por la radiación.
En Nadeshda conocí a Elena Solovyeva, una maestra de Mogilev, región altamente contaminada, que llevó su clase al centro. Me contó que alrededor del 40% de sus estudiantes tienen problemas de salud: asma, diabetes y cáncer o sistemas respiratorios y digestivos débiles.
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Le explicamos a los chicos de dónde vienen sus problemas. Lo entienden. Respiramos aire contaminado, comemos alimentos contaminados… nunca te acostumbrás a eso, pero es casi imposible escapar de la contaminación”, afirma.
Nadeshda fue creado no solo para ayudar a los niños, y ahora nietos, de Chernobyl, sino también para enseñarles cómo vivir en un ambiente contaminado.
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Olga Sokolova, una doctora del centro Nadeshda, me comenta: “Les explicamos qué deben hacer y qué no. Qué comer, y qué no comer. Dónde ir, y qué lugares evitar. Les enseñamos a cuidarse por sí mismos¨.
Al hablar con Olga no puedo evitar ponerme triste. Los niños que vienen aquí sufrieron una gran injusticia. Antes de siquiera haber nacido, Chernobyl robó su habilidad de crecer y jugar sin limitaciones. Ahora es su responsabilidad cuidarse de la radiación.
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“Apuntamos a que los niños entiendan cuál es su responsabilidad para con su propia salud” me cuenta el director de Nadeshda, Vyacheslav Mukushinsky.
No es justo, pero es la realidad de millones de personas que sufren las consecuencias de Chernobyl. Mientras la industria nuclear y los gobiernos que apoyan esta clase de energía miran hacia otro lado, los sobrevivientes se reúnen en lugares como Nadeshda.
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Lo que es hermoso del centro es que la gente no solo se une para apoyarse unos a otros, sino que también es un espacio para demostrarle al mundo que no hay necesidad de energía nuclear.
Mientras el gobierno de Bielorrusia construye un nuevo reactor nuclear a solo 80 kilómetros de distancia, Nadeshda está reacondicionando sus edificios para que puedan ser alimentados por energía 100% renovable.
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Además, Nadeshda tiene el sistema de calefacción solar más poderoso de Bielorrusia, y todos sus edificios y aparatos eléctricos son de bajo consumo.
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El centro está instalando nuevos sistemas solares fotovoltaicos en un campo cercano para cubrir todas sus necesidades de energía.
«Estamos mostrando como incluso una gran institución como la nuestra puede operar sin dañar a la naturaleza», dice Makushinsky.
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El director es entusiasta: será el primer proyecto de tal escala en Bielorrusia financiado exclusivamente a través de donaciones. Estoy orgulloso de que una fundación vinculada a Greenpeace sea parte de este emprendimiento mediante el aporte de 15.000 euros para ayudar a hacer que suceda.
Makushinsky me comenta por qué es tan importante que el centro use energía renovable: «Los niños deben aprender a vivir de tal manera que conserven su salud, asegurándose de que una catástrofe como Chernobyl no vuelva a suceder
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Al hablar con Makushinsky entiendo cómo la esperanza inspira la acción. El sufrimiento causado por Chernobyl explica por qué necesitamos deshacernos de la energía nuclear para siempre. La persistencia de Makushinsky y otros en el centro Nadeshda demuestra que otro camino es posible, si solo intentamos transitarlo.
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En los alrededores, un grupo de niños está dibujando imágenes de la catástrofe de Chernobyl y sus sueños de un futuro no nuclear. Por encima de ellos cuelga una bandera con la frase: «Somos la esperanza de la tierra». Sin duda lo son. Y deben inspirarnos a todos a darles apoyo y alzar nuestras voces en favor de un futuro renovable, donde los desastres como Chernobyl o Fukushima sean una pesadilla olvidada hace mucho tiempo.
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